Cuando alguien se percata de que le sobran unos kilos de más, que es el momento de perder peso y empezar a tener una vida más saludable, no le hace falta rebuscar mucho para encontrar una ingente cantidad de información sobre cómo hacerlo. Sin embargo, los expertos alertan sobre la necesidad de acudir siempre a fuentes fiables y profesionales porque cada caso es distinto. Según la doctora María Amaro , experta en nutrición y creadora del Método Amaro de pérdida de peso , «casi nadie fracasa en una dieta por falta de información. Hoy cualquiera sabe que el azúcar no conviene y que hay que moverse más -matiza-. Lo que suele fallar no es el conocimiento, sino el enfoque».Con el propósito de ayudar a las personas que deciden ponerse a dieta, esta experta nutricionista explica a ABC los errores más frecuentes para que puedan ser solventados:Empezar por lo que se quita, no por lo que se necesitaEl error más extendido es diseñar la dieta como una lista de prohibiciones: nada de pan, nada de dulce, nada de alcohol. «El cerebro no funciona bien con la privación total, más bien le genera ansiedad, y la ansiedad provoca atracones. El planteamiento correcto -apunta- va justo al revés: primero hay que identificar qué necesita ese cuerpo y esa vida concreta, y las restricciones, si las hay, deben llegar después y de forma puntual, no como columna vertebral del plan».Confundir ‘menos calorías’ con ‘menos comida útil’Explica que es muy habitual reducir drásticamente las cantidades sin cambiar la calidad. «Se come menos arroz, pero se sigue sin comer suficiente proteína ni verdura. El resultado -asegura- es hambre constante, pérdida de masa muscular y un metabolismo que aprende a defenderse gastando menos». Por tanto, no se trata de comer poco, sino de comer lo que el cuerpo realmente necesita para sostener el cambio.Hacer ejercicio como castigoUsar el gimnasio o el running como penitencia por haber comido ‘mal’ es otro error muy frecuente, según Amaro. Señala que el ejercicio planteado como castigo dura poco, porque nadie sostiene en el tiempo algo que asocia con culpa. «La actividad física que funciona a largo plazo es la que se integra en la vida de cada persona, no la que se impone desde la exigencia».Pesarse todos los días y dejar que la báscula decida el estado de ánimoEl peso corporal fluctúa por retención de líquidos, ciclo hormonal, sueño o estrés, no solo por grasa. Por ello, indica que pesarse a diario y dejar que ese número determine si el día «ha ido bien» es una fuente de frustración innecesaria y, en muchos casos, el detonante de abandonar un proceso que en realidad iba por buen camino.Poner fecha de caducidad a la dieta«Hasta el verano», «hasta la boda», «un mes de choque». «Cuando una dieta tiene fecha de fin, el cuerpo y la mente lo saben, y en cuanto termina el plazo, vuelven los hábitos anteriores. Lo que de verdad cambia la composición corporal a largo plazo no es un mes de esfuerzo extremo -advierte-, sino pequeños ajustes sostenibles que se mantienen cuando ya nadie está mirando el calendario».Ignorar el sueño y el estrés como parte del tratamientoEs habitual cuidar la alimentación con precisión y, sin embargo, dormir cinco horas y vivir con estrés crónico. «El cortisol elevado y la falta de descanso alteran el apetito, favorecen la grasa abdominal y sabotean cualquier esfuerzo dietético, por bien planteado que esté. No se puede abordar el peso ignorando estas dos variables como si fueran secundarias», puntualiza.Castigarse después de un desliz«Este es, probablemente, el error más determinante de todos. Una cena copiosa o un fin de semana descontrolado no arruinan ningún proceso; lo que sí lo arruina es la reacción posterior: la culpa, el ‘total, para lo que llevo, ya da igual’ y el abandono completo». Asegura que las personas con excelente disciplina fracasan por no saber gestionar un tropiezo, mientras que otras, menos estrictas, tienen éxito simplemente porque no se juzgan con dureza y retoman el rumbo al día siguiente. «La relación que uno tiene consigo mismo pesa, literalmente, tanto como el propio menú».Eliminar grupos enteros de alimentos sin necesidad realAñade que suprimir por completo los hidratos de carbono o las grasas, sin que exista una razón médica para ello, suele salir caro a medio plazo. La razón es que el cuerpo necesita energía estable, y cuando se elimina un macronutriente de golpe, lo habitual es compensarlo con ansiedad hacia otros alimentos o con un efecto rebote en cuanto se reintroduce. Advierte que los extremos rara vez son sostenibles, y lo que no es sostenible no cambia nada de forma duradera.Copiar la dieta de otra personaLo que le funciona a un compañero de trabajo, a una amiga o a una persona famosa en redes sociales no tiene por qué funcionar igual en otro cuerpo. «La edad, el nivel hormonal, la actividad física, el descanso o, incluso, la microbiota intestinal condicionan cómo cada organismo responde a una misma pauta. Aplicar una dieta genérica sin adaptarla -avisa- es una de las razones más comunes por las que un plan ‘que a todos le va bien’ simplemente no funciona».No planificar y depender de la improvisaciónSegún Amaro, llegar a la hora de comer sin haber decidido qué se va a comer es la antesala casi segura de elegir la opción más rápida, no la más adecuada. «La planificación no tiene que ser rígida ni exhaustiva, basta con tener una idea general de las comidas del día o de la semana para reducir drásticamente las decisiones impulsivas».Beber muchas calorías líquidasEsta nutricionista asegura que un error muy extendido es vigilar la comida sólida mientras se ignoran por completo los refrescos, los zumos, el alcohol o incluso los cafés con nata y sirope. matiza que las calorías líquidas no generan la misma saciedad que las sólidas, por lo que es fácil acumular varios cientos de calorías al día sin ser consciente de ello ni notar que realmente se ha comido más.Buscar resultados rápidos en lugar de resultados que se mantenganLa prisa por ver cambios en la báscula lleva a métodos agresivos que sí generan pérdida de peso a corto plazo, pero a costa de masa muscular, energía y, con frecuencia, del propio metabolismo. «Cuando el objetivo es solo la rapidez, el peso perdido suele recuperarse con la misma velocidad con la que se perdió, y a menudo con intereses», añade.No ajustar la dieta a la vida realExplica Amaro que un plan que exige cocinar cinco veces al día, evitar cualquier comida social o rechazar sistemáticamente cualquier imprevisto está condenado a abandonarse, por muy bien diseñado que esté sobre el papel. «La alimentación tiene que convivir con el trabajo, la familia, los viajes y los planes espontáneos; si no lo hace, el problema no es la fuerza de voluntad de quien la sigue, sino el diseño del propio plan».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Esto es lo que tarda en verse en tu cuerpo el exceso de comida que acabas de ingerir noticia Si Piernas cansadas, cómo combatir la hinchazón y qué alimentos tomar noticia Si Inés Basterra: «Hay tres sencillas claves que me ayudan a comer fácil y nutritivo»Lo que cambia el resultado«Ninguno de estos errores se corrige con más fuerza de voluntad -explica María Amaro-. Se corrige cambiando el marco: comer para nutrir, en lugar de para restar; moverse para cuidar el cuerpo, en lugar de para castigarlo, y aceptar que un desliz no es un fracaso, sino un dato. Ese cambio de mirada suele marcar más diferencia que cualquier plan de alimentación, por bien diseñado que esté», concluye esta experta.
Powered by WPeMatico