Este miércoles estarán de vuelta en Ucrania, tras un viaje en avión y tren que durará 24 horas. «Nos pasamos todo el rato mirando este mapa», explica Tetyana Ogárkova mientras muestra su teléfono. «Esto es Kiev y sabemos que se está acercando un dron porque lo indica este punto blanco. Lo miro constantemente porque nuestros hijos están allí. Estos puntos rojos significan que hay misiles. También me fijo en esta zona –dice mientras señala la frontera –. Vamos a entrar por aquí… Sabemos que la muerte llega muy rápido, de manera absurda, en cualquier momento». Ogárkova ha presentado estos días, junto con Volodímir Yermólenko, ‘La vida en el límite’ (Libros del Asteroide) en el CCCB de Barcelona y en Madrid. Filósofos los dos, han realizado más de cuarenta viajes por todo el país desde que Rusia inició la invasión en 2022. Toda esa experiencia ha cristalizado en un conmovedor ensayo sobre lo que supone vivir en guerra. —¿Cuál es el límite entre la realidad y la irrealidad en una guerra? ¿Cómo se vuelve a la realidad después de vivir algo así?—Volodímir Yermólenko: Cuando venimos a lugares como Madrid, todo lo que vemos nos parece irreal. Nuestra realidad consiste en vivir bajo las bombas y los drones. Nos sentimos como si estuviéramos en ‘Matrix’. En la película, los personajes viven en una realidad de tinieblas, pero pasan a vivir en un mundo de ensueño. Creo que aquí la gente percibe la guerra como una especie de sueño o una pesadilla lejana de la que puede despertarse. Lo que intentamos decir es que nuestra guerra no es ninguna pesadilla, es un peligro creciente que puede llegar al resto del mundo.’La vida en el límite’ Autores Tetyana Ogárkova y Volodímir Yermólenko Traducción Catalina Martínez Muñoz Editorial Libros del Asteroide Número de páginas 296 Precio 22,95 euros—¿Cómo cambia la relación con la muerte durante la guerra?—V. Y.: En una guerra, la muerte se convierte en algo que puede ocurrir dentro de unos minutos o dentro de unas horas. Eso te obliga a comprender hasta qué punto la vida es frágil. La muerte es rápida, la vida es lenta. Para educar a una persona, para que aprenda a hablar, leer, trabajar o hacer negocios, hacen falta años. Para matarla solo se necesita un segundo, un disparo. Los tiranos quieren gobernar a través de la muerte. Transmiten el mensaje de que nuestra muerte les pertenece, de que ellos deciden cuándo morimos, y eso infunde mucho miedo. Es lo que está intentando hacer Putin. Antes lo hicieron Stalin y Hitler. —Tetyana Ogárkova: También aprendes a vivir de una manera más intensa. Eres feliz por tener un día más, una noche más. Vives en el presente y aprecias lo que tienes: a tus amigos, la cena, el café que estás tomando, el amor de tus hijos… Cualquier experiencia es preciosa porque estás vivo. —V. Y.: La guerra es un ‘coach’ de vida.«Hemos visto planes para atacar las costas españolas mediante drones lanzados desde embarcaciones. Es el momento de prepararse ante posibles ataques futuros»—En el libro afirman que Rusia está librando una guerra contra la realidad.— V. Y.: Las tiranías suelen construirse sobre grandes fantasías. Trump tiene una fantasía política. Putin también. La Unión Soviética construyó la idea de la dictadura del proletariado en un país donde el proletariado apenas existía. Cuando una tiranía crea una gran fantasía y descubre que la realidad no encaja en ella, está dispuesta a destruir la realidad para adaptarla a esa fantasía. La fantasía rusa actual consiste en afirmar que Ucrania no existe como nación y que Europa es débil y terminará desmoronándose. Rusia intenta imponer esas ideas para convertirlas en realidad y poder decir después que tenía razón. De eso trata la desinformación rusa. No consiste simplemente en mentir, sino en la convicción de que la realidad puede transformarse para ajustarla a una fantasía ideológica. — Ese proceso comienza en la escuela.—T. O.: La ocupación rusa no supone un simple cambio de banderas o de administración, sino que implica niveles extremos de violencia, tortura y asesinato de los sectores más activos de la población. El primer objetivo es intervenir en las escuelas y las bibliotecas. Reprograman a los niños, sustituyen los libros ucranianos por libros rusos e intentan transformar tanto a los niños como a los adultos en rusos. Pensemos en Crimea, ocupada desde 2014. Los niños que entonces tenían cinco o siete años ya son adultos y han crecido dentro del sistema ruso. La pérdida más dolorosa para nosotros es que nos arrebatan a nuestra propia gente, especialmente a los niños. Algunos terminan incorporándose al ejército ruso. Si Rusia ocupase toda Ucrania, intentaría transformar a toda la población en un recurso militar propio. Su siguiente objetivo sería utilizar ese ejército para atacar a los países situados más allá de Ucrania.«El primer objetivo es intervenir en las escuelas y las bibliotecas. Reprograman a los niños. La pérdida más dolorosa para nosotros es que nos arrebatan a nuestra propia gente, especialmente a los niños»— En el libro defienden la cultura ucraniana y cuentan que la poesía se ha popularizado.—T. O.: La poesía se ha vuelto popular en Ucrania por varias razones. La primera es que constituye una forma de expresión breve e intensamente emocional. Pero su importancia va mucho más allá de lo literario: es un espacio para compartir experiencias. Organizamos lecturas de poesía en Kiev, en otras ciudades y también en el frente. Leemos poemas y la gente viene a escucharlos. Desde 2022 hemos visto a muchas personas convertirse en poetas, entre ellas numerosos militares. Esta experiencia existencial de la guerra crea poetas. La poesía se está convirtiendo en una forma de comunicación y de unión. —Les cito: «La particularidad de la maldad rusa reside en que no es simple maldad. Es maldad que se repite».— T. O.: La impunidad permite que los crímenes se repitan sin castigo. Por eso insistimos en que no existe una única guerra rusa, sino una sucesión de guerras rusas. Si observamos las últimas décadas, encontramos una secuencia continua: Moldavia, Chechenia, Georgia, Siria y, finalmente, Ucrania. Cada vez que la respuesta de las democracias occidentales resulta insuficiente o los agresores no afrontan consecuencias claras, aumenta el incentivo para reincidir. No entienden el lenguaje de la negociación ni el de la moderación; entienden el lenguaje de la fuerza. La única manera de poner fin a estas guerras es impedir que Rusia disponga de la capacidad necesaria para iniciar otras nuevas.—¿Confían en poder ganar la guerra contra Rusia?—V. Y.: Sí. La resistencia ucraniana tiene raíces muy profundas. A lo largo de la historia, los ucranianos han protagonizado numerosos movimientos de resistencia frente a estructuras imperiales o autoritarias. Rusia ha perdido muchas guerras. Cada derrota ha terminado propiciando reformas internas positivas. La guerra de Crimea, a mediados del siglo XIX, condujo al fin de la servidumbre; la derrota frente a Japón favoreció la aparición de la primera Constitución y del primer Parlamento ruso; la Primera Guerra Mundial puso fin a la monarquía, y la guerra de Afganistán contribuyó al colapso de la Unión Soviética. Así que esperamos que Rusia pierda esta guerra y que la derrota abra un proceso de transformación dentro del país. Cuando Rusia gana una guerra, su régimen se vuelve todavía más terrible. La victoria sobre Napoleón dio paso a la tiranía de Nicolás I. La derrota del nazismo fue positiva para Europa, pero tuvo consecuencias negativas para la Unión Soviética, donde la tiranía se recrudeció. —T. O.: Rusia tiene capacidad para amenazar a otros países europeos. Esta ya no es una guerra de tanques y artillería, sino de drones y operaciones híbridas. Rusia puede atacar Europa desde el sur, incluso desde el Mediterráneo. Hemos visto planes para atacar las costas españolas mediante drones lanzados desde embarcaciones. Este es el momento de prepararse ante posibles ataques futuros. Las democracias deben decidir si son capaces de creer en sí mismas y en su capacidad para defenderse frente a la tiranía. Rusia perderá esta guerra porque no se enfrenta únicamente a Ucrania. Es una confrontación entre Rusia y el conjunto del espacio europeo que apoya a Ucrania.
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