Hubo un momento en que Eduard Sola (1989) parecía firmarlo todo en el audiovisual español: ‘Querer’, ‘Casa en llamas’, ‘La virgen roja’… Era 2024. Desde entonces vive y trabaja mejor, no menos. Ahora publica ‘El nido’ (Ediciones B), su primera novela, donde se vuelve a meter en su lío favorito: la familia. «Ha sido sin querer», insiste…—Entonces, ¿cómo ha acabado usted escribiendo una novela?—Yo ya había empezado a escribir alguna, pero como siempre me despisto nunca las termino. Me pasa una cosa: tengo una profesión con la que me gano la vida y que me encanta, que es escribir guiones. El espacio para escribir una novela siempre se me había quedado relegado a una cosa de hobby. Pero Ana María Caballero [editora de Ediciones B] me propuso esto y yo, tonto de mí, le dije que sí. Lo peor fue que fijamos una fecha concreta de entrega. Esa fue mi condena, pero también la salvación. —¿La ‘deadline’ es la mejor musa?—Sin lugar a dudas. Y pasa con todo: con el trabajo y con la vida. —O sea, que es un escritor disciplinado.—Mucho. Yo no espero a que la inspiración me alcance, yo me levanto, llevo a mis hijos al colegio y cuando vuelvo empiezo a trabajar. Tengo una jornada laboral como cualquier otra. Y cuando termina la jornada laboral, se ha acabado. Este método de trabajo continuado es lo que me ha permitido dedicarme a lo que me dedico. No sé si tengo talento, si escribo bien o no, lo que sí sé es que en la industria celebran mi profesionalidad. Celebran que te hayan encargado un guion para un día y ese día entregues el guion. No hay más secreto que ese.—Si la industria lo celebra será porque no pasa tanto.—Hay infinitos profesionales, hay infinita gente que lo hace bien, pero es muy fácil estar perdido cuando te encargan una historia, que te entren las dudas. Si me contratan a mí es para que yo no tenga esas dudas. Para que entregue el guion a tiempo.—Usted es uno de los pocos guionistas españoles que conozco por el nombre. ¿Por qué?—La invisibilización de los guionistas es sistemática, y esto me preocupa en términos sociales, no solo profesionales. El mundo sería un lugar mejor si nos preocupáramos por saber quién es el autor de aquello que leemos, vemos u oímos. Es importante saber quién está detrás de las cosas, especialmente ahora, en este mundo en el que la desinformación pasa por no saber quién está detrás de las cosas que leemos. Creo que nos interesa preguntarnos: un momento, ¿esto quién me lo está contando?, ¿qué motivos tiene para contármelo?, ¿me lo tengo que creer o no me lo tengo que creer? Nos sale a cuenta a todos abonarnos al humanismo. —A los directores sí los conocemos.—La figura autoral principal de una película es la dirección: es coherente y lógico y justo, porque se dejan la vida en ello. Pero deberíamos entender que el cine es una cosa colectiva, y que el trabajo de los guionistas se nota en la obra final. Ahora cometemos el error de decir cosas como «esta es la última película de» la plataforma de turno. Pero la plataforma de turno no hace películas, contrata a gente que hace películas. —En 2024 estrenó ‘Querer’, ‘Casa en llamas’ y ‘La virgen roja’. ¿Fue un antes y un después?—Fue una coincidencia, porque eran trabajos de años distintos, de momentos vitales distintos. Pero esa coincidencia lanzó un mensaje a la industria, que era: bueno, este tipo es solvente. Ahora puedo decir que no a muchas cosas, tengo que ser más selectivo, y debo serlo. Las condiciones de trabajo han mejorado, que es lo que queremos todos, y además ahora me dan más confianza. Eso le viene bien a la escritura.«Como guionista, el sesenta por ciento de mi tiempo se va en discutir, en debatir»—¿Como guionista tiene que negociar mucho?—Todo el rato. Como guionista, el sesenta por ciento de mi tiempo se va en discutir, en debatir. El productor dice una cosa, la plataforma dice otra, el director dice otra… y hay que lidiar con todos esos comentarios: ahí se va el sesenta por ciento de mi jornada laboral, y el cuarenta escribiendo. Este es un trabajo muy social, nada que ver con la imagen del señor en batín que fuma en pipa solo en su casa, mientras escribe. —¿Qué le ha exigido esta novela que no le exigen los guiones?—He sentido más presión. Yo escribo un guion y lo leen cincuenta personas, tal vez cien. Luego la película la pueden ver miles de personas, incluso millones, pero es diferente. Porque lo que llega ha pasado por dos reescrituras: la del rodaje y la del montaje. Ahí tú estás parapetado, porque es una cosa más colectiva. Los aciertos son colectivos y las cagadas son colectivas. En la novela no pasa eso, no hay trinchera. Estás ahí en medio de la batalla, vas desnudo por la calle. La frase llega directa al lector. No estoy acostumbrado a esto.—Como creador es evidente que le interesan las familias y las madres.—No ha sido nunca una estrategia: simplemente ha pasado. Pero es cierto que la madre como personaje y la familia como ecosistema me parecen de lo más interesante que existe. De la familia me interesa que está abocada a hacerlo mal, porque muy a mi pesar el ser humano es lamentable. Todos lo somos, nos miras por un agujerito y hacemos unas cosas que son ridículas. En las familias esa lamentabilidad crece de forma exponencial. —¿Y las madres?—A mí me da mucho gusto celebrar a las madres, honrarlas. Creo que es de justicia hacerlo, al menos con las de mi generación y las de generaciones anteriores: no sé qué pasará en el futuro. Y la mejor manera de celebrarlas y de ser justos con ellas es precisamente no idealizarlas, no pensar que son seres de luz, que son la divina providencia que baja a la Tierra para salvarnos a todos. Para honrarlas también hay que contar su lado oscuro, contar sus aristas.—La novela está dedicada a su madre, y está protagonizada por otra madre…—Todas las madres que escribo son mi madre y ninguna lo es. Reconozco cosas de ella en Sara [protagonista de ‘El nido’], pero también en personajes como el de Montse de ‘Casa en llamas’ o el de Miren en ‘Querer’. A la hora de escribir no podemos desprendernos de quiénes somos. Y yo soy en relación a quien me ha criado.«Me parecería un plan fantástico escribir ‘Destino final 8’»—Le cito: «Cuando no eres de buena familia tienes que ser puntual a las citas si quieres sobrevivir«.—El asunto de la clase salió inconscientemente, me di cuenta en la revisión de la novela. Mi mirada del mundo es esta. Con las clases pasa como con la autoría: nos iría muy bien a todos reconocerlas. Hay un momento en el que te pones las gafas de ver el mundo en relación a la clase y ya no te lo puedes quitar.—Por cierto, ¿qué película le habría gustado escribir?—’Tres días con la familia’, de Mar Coll: es una obra maestra de nuestro cine. Está escrita por Mar Coll y Valentina Viso. Pero a mí me gustan cosas muy muy dispares. Una de mis películas top es ‘Hijos de los hombres’, que es una grandísima adaptación. Aunque también me parecería un plan fantástico escribir ‘Destino final 8’. —¿Y qué libro hubiera querido firmar?—Una novela gráfica que tiene muy poco texto: ‘Aquí’, de Richard McGuire.
Powered by WPeMatico