En 2012 fue el 15M y en 2026 ha salido el 15 meme. Los medios han repetido tanto que lo de la Puerta del Sol es un hito histórico, que yo me lo he creído. He anotado lo que estaba haciendo en ese momento, para que no se me olvide. Cuando pasa algo tan histórico es muy importante anotarlo, no vaya a ser que en el futuro ruede Sergio Peris-Mencheta un documental para HBO y te lo pregunte. De modo que hago como Kafka, que el día que mataron al archiduque anotó que había ido a nadar, y os cuento que yo estaba borracho con algunos amigos recién conocidos esa noche en un ático de uno de ellos, valorado en tres millones de euros. En Ópera, a muy pocos metros de Sol: ahí estaba yo cuando pusieron las tiendas en el suelo por la vivienda asequible.Esa noche, antes de constatar que el 15M volvía convertido en parodia, ya había estado siendo todo sospechosamente 2012. Anduve por la sala Wurli, a la que no entraba desde aquellos tiempos, y estaban tocando Los Punsetes, a los que no había vuelto a escuchar tampoco. El cambio más radical del 15M no fue traer a España una nueva forma de hacer política, sino convertir a los hipsters en podemitas. Muchos de ellos pasaron entonces de una forma de dar asco a otra. El 15M les descubrió la moda del compromiso político, que abrazaron con la misma actitud pasivo-agresiva con que habían puesto verdes a los grupos que les dictaba poner verdes la Rock de Lux. Más tarde, cuando las hipsters empezaron a publicar libros para contar que los hipsters, ahora aliados feministas, eran en realidad unos salidos y unos cerdos, yo ya era un fascista para esos ambientes. En lo que respecta a la vivienda, Pablo Iglesias e Irene Montero fueron los únicos habitantes del 15M que solucionaron sus problemas. Fue gracias a los hipsters que les votaron. No sé en esta nueva acampada quiénes serán los seleccionados por la historia. Los promotores del Sindicato de Inquilinas parece que vienen ya de cuna con la vivienda resuelta. En fin, que amanecía en el ático. Lo supe por el brillo en la superficie de la piscina. Me fui para casa caminando y me topé con Sol lleno de tiendas de campaña. La población de la plaza es muy difícil de censar, pero no es la del 15M. El paisanaje se sitúa en lo vulgarmente conocido como perroflauta. La acampada no se hubiera podido celebrar en el aeropuerto de Barajas porque todos llevan mucho metal en las orejas. Hay peligro constante de batukada, pero luego les molestan las campanadas del reloj. En las pancartas, de todo. Se culpa a Sánchez, a Sumar, a Urbagestión, a Ayuso y a Israel. Israel es como el cilantro: o te gusta o lo odias. Se oferta comida vegana gratis, como quieren que sean los alquileres. La diferencia es que la vivienda es un bien escaso y la lechuga siempre te la dejas. También hay una peluquera que se ofrece a mimetizar tu cabeza con el estilo Mondragón 1992. Se ve en Sol mucha gente trans, porque los gobiernos han hecho que sea más fácil cambiar de sexo que de casa. Se exige que no se pueda echar a ningún inquilino vulnerable. Los perjudicados por la destrucción del mercado del alquiler se movilizan por quien se ha beneficiado. Todo lo que se debate allí es absurdo: quieren que el alquiler no esté sometido al mercado, pero nadie sabe quién va a construir las casas. La palabra «construcción» es tabú en Sol, porque dicen que habría otra burbuja. De la plaza surge todo el tiempo una voz irracional que brota de la ansiedad emotiva. Es como si la «juventud sin futuro» del 15M hubiera parido una juventud sin presente ni pasado.Está claro que todos los problemas de vivienda que había en 2012 siguen aquí, ahora acompañados de una legión de problemas nuevos. Pero el sanchismo ha sobrevivido gracias a eso: a los problemas que no soluciona. Deja que las cosas se pudran para tener algo maloliente que echar en cara a la ultraderecha. Es tan irresponsable como los jóvenes acampados en Sol: quiere que las cosas sean gratis, o al menos que sea gratis permanecer de brazos cruzados en el poder. Pero el sanchismo sí ha logrado algo, y se ve en Sol. Ha exacerbado los ánimos de la gente con una sensibilidad de izquierdas. Ha estresado a esa gente hasta la histeria. Los jóvenes de Sol, labrados en este ambiente, son mucho más agresivos si los comparamos con los del 15M. Por eso, en lo que fue una acampada abierta y heterodoxa, andan por la plaza vigilantes, antifascistas -dicen-, y por eso saltan si se acerca una persona tan peligrosa como Lucía Etxebarria. Lo que hay en Sol es un 15M pasado por la alteración emocional permanente de los años de Pedro Sánchez.Así estaba el ambiente los primeros días. Luego, el Gobierno les restregó en la cara a los jóvenes sin casa dos decretos. La ministra de vivienda salió a explicarlos y perdió los papeles en el sentido literal. Luego los leías en el BOE y era peor. Esto no hay por dónde cogerlo, así que en Sol se multiplicaron las tiendas de campaña. La noche del martes al miércoles, con el fresco y la humedad en subida, Madrid olía a calcetines mojados. Que se acostumbren los chicos y chicas al suelo duro de la plaza. Leído el BOE, es el piso piloto de la urbanización que les espera.
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