A unos 220 kilómetros de la frontera con Rusia, la seguridad colectiva europea se dirime en una ecuación fría y exacta: tiempos de reacción, latencias de enlace de datos y ventanas de interceptación a baja cota. Nos encontramos en la base aérea de Lielvarde (Letonia), donde se despliegan un centenar de militares españoles del Regimiento de Artillería Antiaérea nº 94 con una batería de misiles antiaéreos Nasams.Dos lanzadores de seis misiles AIM-120 Amraam, un radar tridimensional Sentinel -fuera del alcance de la vista de los curiosos- y un Centro de Dirección de Tiro componen el núcleo operativo desplegado en la base letona. A simple vista, el escudo español cabe en una sola fotografía de encuadre cerrado. Sin embargo, su verdadero alcance no se mide observando estos vehículos en la estática de la base, sino en su integración en la red defensiva e interoperable de la OTAN. Diferentes capacidades de la Alianza (aviones de combate, capacidades anti drones o antimisiles) conforman el nuevo concepto de Defensa Aérea de los aliados en el flanco este.«El día a día es tranquilo. No hay ningún tipo de magia especial», explica con la sobriedad propia de quien custodia una capacidad estratégica el sargento Saúl Civeira Álvarez , al frente de uno de los lanzadores del contingente español. Su testimonio desmonta de un plumazo la mística del combate antiaéreo: en Lielvarde no aúllan las sirenas a todas horas ni el horizonte se puebla de estelas de misiles surcando el cielo báltico. «Hasta la fecha, la batería no ha tenido que realizar ningún disparo real». Aquí no hay «acción» pero precisamente ese es el cumplimiento de la misión: disuadir.Y la disuasión consiste en mostrar públicamente las capacidades -por ello ABC ha sido invitado por la OTAN junto a otros medios europeos a la base letona- y, lo que es más importante, tener siempre a punto el sistema por el cual se derribarían drones de un cierto tamaño y misiles que pudieran ser lanzados contra el espacio aéreo del báltico. La misión se basa en la disciplina diaria de la verificación tecnológica: comprobación exhaustiva de los datos, verificación de las frecuencias criptográficas de la red de enlace Link 16 y el mantenimiento de los tubos de lanzamiento. Mantener el sistema en permanente disposición operativa para pasar de la guardia estática a la ejecución de fuego en cuestión de segundos si el Mando Aéreo Aliado (AIRCOM) emite la orden desde el cuartel general de Ramstein (Alemania).El sistema Nasams (Norwegian Advanced Surface-to-Air Missile System), en servicio en el Ejército de Tierra español desde el año 2003 y dotado de misiles de la familia Amraam (guiados por radar activo), ofrece una cobertura táctica de medio alcance diseñada para batir desde aeronaves de ala fija y helicópteros hasta misiles de crucero y sistemas no tripulados por encima de los 150 kilos. Bajo el mando del comandante Francisco Rubio Pérez , del Regimiento de Artillería Antiaérea número 94 de Las Palmas de Gran Canaria, la unidad opera con la conciencia de que una interceptación puede requerir decisiones «en segundos o escasos minutos» desde que el sensor traza la amenaza. Cazas y el barro de AdaziLa presencia de las Fuerzas Armadas españolas en las repúblicas bálticas cuenta ya con un dilatado expediente operacional. En 2015, los cazas del Ejercito del Aire despegaron por primera vez desde la base estonia de Ämari para asumir la Policía Aérea del Báltico (BAP). Desde entonces, cazas Eurofighter y F-18 se han sucedido en la interceptación de trazas no identificadas procedentes del enclave militar ruso de Kaliningrado o del espacio aéreo ruso.Sin embargo, el compromiso español no se ha limitado al dominio aéreo. Ese mismo año 2017, España dio un salto cuantitativo al desplegar por primera vez en el exterior sus medios acorazados más potentes: los carros de combate Leopardo 2E y los vehículos de combate de infantería Pizarro, integrados en la Presencia Avanzada Reforzada (eFP) de la OTAN en la base letona de Ādaži.En este enclave multinacional liderado por Canadá, los blindados del Ejército de Tierra conviven hoy con vehículos de transporte M-113, morteros pesados, unidades de ingenieros y misiles contracarro Spike (indispensables para frenar una invasión terrestre como se advirtió en Ucrania). Tripulación de dos carros de combate Leopardo 2E, durante unas maniobras de la OTAN. EMADEn los bosques de Ādaži, bajo temperaturas bajo cero y la niebla persistente del norte de Europa, la bandera de España constituye otra garantía de disuasión terrestre frente a cualquier tentación revisionista por parte de Moscú.Pero la actualidad -la guerra híbrida de Putin con sus drones- nos devuelve la importancia de asegurar el espacio aéreo como sea. El perfil de la amenaza es sumamente heterogéneo. Un caza de última generación, un misil de crucero volando rasante o un dron kamikaze de bajo coste plantean retos operacionales radicalmente distintos en velocidad, firma radar y altitud.El coronel Viesturs Masulis, comandante de la Fuerza Aérea letona, lo subraya a ABC durante la jornada de puertas abiertas organizada en Lielvarde: «La defensa aérea eficaz comienza con una imagen aérea fiable». En este contexto, la guerra de Ucrania y los recientes incidentes con drones en el flanco este —como el derribo de un dron Gerbera por parte de F-18 españoles desplegados en Rumanía— han reordenado las prioridades tácticas.No todas las amenazas requieren la misma respuesta. Emplear un misil Amraam de elevado coste contra un dron de fabricación artesanal supone una asimetría económica insostenible. «De ahí que el valor de la batería española resida en su capacidad para integrarse en una arquitectura por capas, asignando el medio idóneo (cazas, artillería o sistemas antidron) en función del perfil de la amenaza», nos explica el comandante Rubio, al frente de la batería de misiles.La memoria de Riga y EspañaA apenas una hora en autobús de las instalaciones militares, en el casco histórico de Riga, el escenario bélico cede su sitio al testimonio de la Historia. La visita al Museo de la Ocupación de Letonia ofrece la clave moral y estratégica que explica la presencia militar española en estos confines de Europa. A 3.000 kilómetros de España.El sobrio edificio de la memoria letona custodia las casi ocho décadas en que el país sufrió la erradicación de su soberanía bajo la tenaza de las dictaduras soviética y nazi (pacto Molotov-Von Ribbentrop). Durante la visita, la guía oficial detalla dos pasajes que entrelazan de forma singular el devenir de Letonia con España.El primero hace mención a la visita de Felipe VI al museo -tras su paso por las instalaciones militares donde se encuentra el Ejército español- en junio de 2024. Un gesto de respaldo institucional que trascendió la mera revista militar.El segundo, anterior, hace referencia a una historia poco conocida: el clamor de Madrid en noviembre de 1980. Ocurrió durante la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE), cuando activistas bálticos tuvieron la idea de desplegar una pancarta en las gradas del estadio Santiago Bernabéu reivindicando la libertad de su nación frente al yugo soviético. Cuarenta y seis años después de aquel grito de auxilio en el Bernabéu, España se encuentra instalada de modo solidario en Letonia. Ya no con pancartas en la distancia, sino con los misiles del comandante Rubio en Lielvarde y los blindados del Ejército de Tierra en los pinares de Ādaži. También con los cazas que pueden proteger sus cielos.
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