La antigua fortaleza de Transilvania que aquí nos congrega lleva siglos despertando debates entre historiadores, sobre todo por un punto muy concreto: ¿Quién levantó sus primeros muros de piedra y en qué momento? Durante mucho tiempo, la respuesta se basó únicamente en documentos de archivo y en comparaciones del estilo arquitectónico.
Ahora, un equipo de investigadores ha decidido dejar a un lado las suposiciones y recurrir a la química para zanjar la duda. Así, en lugar de fiarse solo de crónicas medievales o de los muros, analizaron directamente los materiales de construcción con técnicas que no admiten demasiada discusión. Lo que han descubierto confirma una teoría que muchos sospechaban.
Todo sobre la antigua fortaleza de Transilvania que construyeron los caballeros teutones
La fortaleza en cuestión se llama Feldioara, conocida también por su nombre alemán, Marienburg, y se encuentra cerca de Brașov, en el corazón de Transilvania (Rumanía). Fue este el escenario en el que un equipo de investigadores fechó por radiocarbono trece muestras de argamasa de cal extraídas de excavaciones realizadas entre 2013 y 2017.
Los resultados sitúan las defensas de piedra más antiguas del recinto a principios del siglo XIII, hace más de ochocientos años, justo en la ventana histórica en la que los caballeros teutones controlaron la zona.
Cabe recordar en este sentido que los caballeros teutones eran una orden militar y religiosa surgida durante las cruzadas, formada por caballeros alemanes con votos monásticos que combinaban la guerra con la vida religiosa.
Las muestras más reveladoras del estudio procedían precisamente del llamado «muro teutónico» y de los cimientos más antiguos de la torre occidental, dos elementos que los arqueólogos llevaban tiempo señalando como los más probables restos de la primera fase de construcción.
¿Por qué los caballeros teutones llegaron a esta fortaleza de Transilvania y por qué se fueron tan pronto?
Los caballeros teutones llegaron a Transilvania en 1211, invitados por el rey Andrés II de Hungría, que necesitaba reforzar una frontera vulnerable frente a los ataques de los cumanos, un pueblo nómada de las estepas.
A cambio de defender esa zona, el monarca les cedió tierras y permiso para construir fortificaciones, en principio de madera. Fue el germen de lo que con el tiempo se convertiría en esta fortaleza de Transilvania de piedra que hoy sigue en pie.
El problema llegó cuando los caballeros empezaron a actuar por su cuenta: cruzaron los Cárpatos hacia territorio cumano, pidieron protección directa al Papa y levantaron fortificaciones de piedra sin autorización real, algo que Andrés II interpretó como el intento de crear un poder autónomo dentro de su propio reino.
¿Y cuál fue la respuesta del monarca? Pues fue tajante y llegó rápido: en 1225, apenas catorce años después, expulsó a la orden de todos sus territorios húngaros.
¿Cómo lograron los científicos > target=»_blank» rel=»noopener noreferrer»>se publicó en la revista ‘Archaeological and Anthropological Sciences’.
Cabe remarcar aquí que fechar directamente la piedra de un muro no sirve de mucho, porque la piedra en sí puede tener miles o millones de años sin que eso diga nada sobre cuándo se colocó en esa pared. Una cosa es la edad de la piedra, y otra la de la construcción donde se emplea.
La argamasa, en cambio, se fabrica con cal que absorbe carbono de la atmósfera en el mismo momento en que se aplica, lo que la convierte en un reloj mucho más fiable para saber exactamente cuándo se levantó cada muro.
¿Qué fue de los caballeros teutones tras dejar esta fortaleza de Transilvania?
Tras su expulsión de Hungría, los caballeros teutones no desaparecieron: se trasladaron hacia el norte de Europa, a Prusia y la región báltica, donde repitieron la misma estrategia que había fracasado en Transilvania, pero esta vez sin nadie que les frenara a tiempo.
Allí construyeron un estado territorial propio que llegó a dominar gran parte del Báltico durante siglos, con ciudades, castillos y una administración centralizada muy superior a la que habían dejado a medio construir junto a los Cárpatos.
Feldioara, en cambio, quedó como testimonio de ese intento fallido. Cambió de manos varias veces a lo largo de los siglos siguientes, fue reconstruida y ampliada por los sajones de Transilvania y hoy sigue en pie como uno de los pocos lugares de Europa donde la química puede confirmar con quién empezó realmente cada piedra.
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