Cada verano, miles de familias españolas preparan maletas, reservan hoteles y organizan desplazamientos con una preocupación que pesa tanto como el equipaje: qué ocurrirá con ese padre, esa madre o ese familiar mayor que necesita ayuda para seguir viviendo en casa. Mientras unos cuentan los días para desconectar , otros buscan contrarreloj a la persona que les permita marcharse con la tranquilidad de saber que sus seres queridos estarán bien atendidos. No es una preocupación menor. El envejecimiento de la población y el aumento de la demanda de cuidados durante el periodo estival han convertido esta búsqueda en una auténtica carrera contra el reloj.En España, el 21 % de la población tiene 65 años o más, según el Instituto Nacional de Estadística. A ello se suma que, durante los meses de verano, las solicitudes de servicios de cuidados a domicilio aumentan un 29 % respecto al resto del año, de acuerdo con los datos agregados de las empresas que integran la Asociación Española de Servicios Personales y Domésticos (AESPD). Detrás de este incremento hay miles de familias que necesitan reorganizar los cuidados debido a las vacaciones, los viajes o la ausencia temporal de los cuidadores habituales.La urgencia, sin embargo, puede convertirse en la peor consejera. La AESPD recuerda que recurrir a personas o servicios sin las debidas garantías incrementa los riesgos para las personas mayores y también para sus familias. Entre ellos figuran la falta de supervisión profesional, la ausencia de cobertura legal o incluso situaciones de fraude. No en vano, según el Ministerio del Interior, cada año se registran más de 7.000 robos con fuerza en domicilios de personas mayores de 75 años. «La tranquilidad de una familia no consiste solo en saber que hay alguien en casa con su padre o su madre. La verdadera tranquilidad es saber que esa persona está siendo atendida por un profesional cualificado, respaldado por una empresa especializada y dentro de un servicio que responde ante cualquier necesidad», subrayan desde la asociación.La historia de Amalia Martín Ramos ilustra hasta qué punto planificar los cuidados puede marcar la diferencia. Vive sola y hace cuatro años comprendió que necesitaba apoyo para seguir disfrutando de la vida que había construido durante décadas. «Decidí llamar yo misma porque vivo sola en casa y sentía que necesitaba a una persona para que me ayudara en el día a día», recuerda. Su decisión no respondió al miedo, sino al deseo de conservar algo que considera irrenunciable: su independencia . «Yo salgo mucho de casa y necesitaba a alguien que me ayudara no solo con las compras, sino con todo lo que hago en mi día a día. Mantener mi autonomía era lo más importante para mí», explica. Amalia tampoco tenía hijos o nietos que pudieran reorganizarse durante las vacaciones. «No tengo a nadie en casa que pueda darme una mano. Siempre me he tenido que encargar yo sola de ver cómo gestionarlo», cuenta.Isabel PermuyLa solución llegó con Karla Patricia Rosales, cuidadora profesional con la que este verano compartirá ya su quinto periodo estival. Lo que comenzó como una relación laboral terminó convirtiéndose en una confianza construida día a día. «Es una relación fuerte y fundamental para mí. Nos compenetramos muy bien», resume Amalia. Karla recuerda perfectamente aquel primer verano. «Nos la pasamos acompañándola en todas sus actividades diarias y fue el inicio de nuestra relación», explica. Desde entonces, la rutina ha creado un vínculo que va mucho más allá de las tareas domésticas. La acompaña a hacer gestiones, adapta los menús cuando alguna circunstancia médica lo requiere, la ayuda con las compras y permanece pendiente de cualquier detalle que facilite su día a día. Una de las anécdotas que ambas recuerdan con más cariño fue un viaje a Caravaca de la Cruz para asistir a una fundación de la que Amalia es vicepresidenta. «Compartimos habitación y me ayudó en todo», relata Amalia con una sonrisa.Extremando precauciones con las personas mayoresPara Karla, volver cada año a cuidar de la misma persona supone trabajar con una serenidad que solo proporciona el tiempo. «Ya conozco muy bien la casa, sus gustos, lo que le gusta comer y cómo quiere hacer las cosas. Eso nos da mucha seguridad a las dos», explica. La experiencia también permite anticiparse a los problemas propios del verano. Las altas temperaturas obligan a extremar las precauciones con las personas mayores, especialmente con aquellas que viven solas o presentan algún grado de dependencia. «Hay que estar especialmente pendientes de su hidratación, procurar que las salidas se hagan por la mañana para evitar las horas de más calor, controlar la tensión y vigilar actividades como la ducha para prevenir accidentes», explica Karla. Son gestos aparentemente sencillos que, sin embargo, pueden evitar complicaciones importantes durante los meses estivales. La confianza resulta igualmente decisiva para la familia. Aunque Amalia no tiene hijos, sus hermanos conocen desde hace años a Karla y mantienen un contacto permanente con ella. «Ellos están tranquilos porque Karla tiene los teléfonos de toda la familia y saben que con ella estoy bien cuidada», afirma. La propia cuidadora reconoce que ese vínculo acaba beneficiando a todos. «Las personas mayores necesitan alegría, tranquilidad, seguridad y respeto. También es importante que no les transmitamos nuestros problemas y que cuando estamos con ellas les dediquemos toda la atención», explica.«Las personas mayores necesitan alegría, tranquilidad, seguridad y respeto» Karla Patricia RosalesDesde Qida destacan que relaciones como la de Amalia y Karla son precisamente el objetivo del modelo de atención que desarrollan. Inés Fernández, referente social de la compañía, acompaña el caso desde mayo de 2022 y realiza un seguimiento presencial mensual para comprobar que todo funciona correctamente y atender cualquier necesidad que pueda surgir. «Verlas tan felices por haberse encontrado la una a la otra nos llena de orgullo. Es un servicio ejemplar y profundamente gratificante porque demuestra que un buen cuidado permite mantener el bienestar y la autonomía de las personas mayores», explica. La creciente demanda de este tipo de servicios explica que empresas como Qida hayan anunciado la incorporación de más de 3.000 personas cuidadoras durante este verano para reforzar la atención domiciliaria en comunidades como Madrid, Cataluña, País Vasco, Navarra, Comunidad Valenciana, Galicia y Sevilla. La previsión es atender tanto servicios internos como externos, muchos de ellos solicitados inicialmente para cubrir las vacaciones familiares y que, con frecuencia, terminan convirtiéndose en relaciones estables.Según la compañía, el objetivo no es únicamente responder al incremento estacional de la demanda, sino también dignificar una profesión que resulta cada vez más necesaria en una sociedad envejecida . Durante 2025 creó más de 3.800 empleos y apuesta por contratos estables y jornadas más amplias que las habituales en el sector, favoreciendo la continuidad de los profesionales y, con ello, la estabilidad de las personas atendidas. La profesionalización del cuidado es precisamente una de las principales reivindicaciones de la Asociación Española de Servicios Personales y Domésticos. La entidad insiste en que contratar a través de empresas especializadas garantiza que los cuidadores hayan sido seleccionados conforme a criterios profesionales, dispongan de respaldo laboral y puedan ser sustituidos si surge cualquier imprevisto, evitando que las familias tengan que improvisar una solución en plena época vacacional.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Los hospitales de Madrid emitirán gratis la final del Mundial: «No es lugar para hacer negocio» noticia Si «Los hay con 70 años y una apretada agenda y otros con 90 hacen pesas» noticia No Cuidar a un familiar también genera derechos laborales: herramientas para no tener que elegir noticia Si Madres cuidadoras: «Somos una forma encubierta de esclavitud moderna»Además, recuerda que recurrir a recomendaciones informales o a personas sin referencias verificadas puede acabar generando problemas mucho mayores que los que pretendía resolver la urgencia inicial. El cuidado de una persona mayor requiere preparación , supervisión y una relación de confianza que difícilmente puede improvisarse de un día para otro. Para Amalia, la diferencia entre contar con ese apoyo o no es muy sencilla de explicar. Nunca quiso abandonar su casa porque sentía que hacerlo suponía renunciar a una parte esencial de su vida. «He ido a visitar a compañeras a residencias y supe que aquello no era para mí. Yo prefiero estar en mi casa», afirma. Para Inés Fernández, referente social de Qida, historias como la de Amalia y Karla demuestran la importancia de construir relaciones estables en el tiempo. «Verlas tan felices por haberse encontrado la una a la otra nos llena de orgullo. Seguimos plenamente a su disposición para cualquier apoyo que puedan necesitar para seguir garantizando su bienestar», concluye.
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