La próxima vez que utilices el Wi-Fi durante un vuelo, quizá recuerdes una curiosa historia de la ingeniería aeronáutica: un avión lleno de sacos de patatas. Aunque parezca una broma, Boeing recurrió a este alimento para estudiar cómo se comportan las señales inalámbricas cuando la cabina está ocupada por pasajeros. El objetivo era mejorar la conectividad a bordo y conseguir que la cobertura fuese más uniforme, sin comprometer la seguridad de los sistemas electrónicos. Este experimento permitió desarrollar un método de medición más preciso y reducir considerablemente el tiempo necesario para realizar las pruebas.
La iniciativa surgió ante una necesidad cada vez más evidente para las aerolíneas y los fabricantes de aviones: ofrecer conexiones inalámbricas fiables a miles de metros de altura. Cuando numerosos pasajeros utilizan ordenadores, teléfonos móviles y otros dispositivos simultáneamente, la distribución de la señal puede cambiar y generar zonas con diferente intensidad de cobertura. Además, los ingenieros deben comprobar que las emisiones de estos equipos no interfieran con los sistemas de navegación, comunicación y otros componentes esenciales de la aeronave. Para resolver ambos desafíos, Boeing desarrolló un procedimiento de calibración que combina tecnología de medición, análisis estadístico y simulaciones con sustitutos humanos poco convencionales.
El experimento de Boeing con miles de kilos de patatas
En 2012, Boeing presentó un avance en sus procedimientos para evaluar las señales inalámbricas dentro de los aviones. La compañía estadounidense había encontrado una manera de reproducir las condiciones de una cabina ocupada sin necesitar que decenas o cientos de personas permanecieran sentadas durante jornadas enteras.
Para ello, los ingenieros utilizaron aproximadamente 9.072 kilogramos de patatas, distribuidas en los asientos de un avión fuera de servicio. Aunque el procedimiento pueda resultar extravagante, tenía una explicación científica: este alimento contiene una elevada proporción de agua y presenta propiedades dieléctricas que permiten interactuar con las ondas de radiofrecuencia de una forma parecida al cuerpo humano.
Según explicó Boeing en su comunicado del 19 de diciembre de 2012, las pruebas iniciales se realizaron en sus laboratorios de evaluación utilizando una aeronave que ya no estaba en servicio. Los sacos de patatas ocupaban los asientos y reproducían, de manera aproximada, la presencia física de los viajeros en el interior de la cabina.
¿Por qué las patatas sirven para medir las señales Wi-Fi?
La elección de este alimento no fue fruto de una ocurrencia sin fundamento. Las señales inalámbricas pueden absorberse, reflejarse o desviarse cuando encuentran obstáculos en su recorrido.
En este sentido, los especialistas sostienen que el cuerpo humano, debido principalmente a su contenido de agua, modifica la propagación de las ondas electromagnéticas.
«Por este motivo, utilizar una cabina vacía no habría permitido obtener resultados suficientemente representativos de las condiciones reales de un vuelo. Los pasajeros constituyen una parte importante del entorno físico que influye en la distribución de la conectividad», aseguran.
La publicación de Phys.org explica que la idea surgió después de que un integrante del equipo encontrase un artículo del Journal of Food Science sobre las propiedades dieléctricas de diferentes frutas y verduras. Aquella investigación llevó a los ingenieros a considerar las patatas como posibles sustitutos de las personas.
¿Cómo comprueban la intensidad y el alcance de la señal?
El procedimiento desarrollado por Boeing utiliza herramientas de medición propias y tecnología de análisis para estudiar la calidad de las señales de radio dentro de la aeronave.
«Los ingenieros registran su intensidad y alcance en diferentes puntos de la cabina para identificar las zonas donde la cobertura resulta insuficiente o demasiado elevada», mencionan los expertos.
Este análisis también contempla los cambios que pueden producirse cuando las personas se mueven. Una señal inalámbrica no permanece necesariamente igual en todos los lugares ni bajo cualquier circunstancia. Por eso, los especialistas estudian cómo se distribuye y utilizan modelos estadísticos para interpretar los resultados.
Una vez identificadas las áreas con señales fuertes y débiles, pueden realizar ajustes en el sistema de conectividad. La finalidad es conseguir una cobertura más equilibrada, de manera que los pasajeros puedan utilizar sus dispositivos con mayor fiabilidad durante el trayecto.
La seguridad aérea también forma parte de las pruebas
Mejorar el Wi-Fi no es el único propósito de estos experimentos. Boeing desarrolló el método para comprobar también que las emisiones inalámbricas no ocasionasen interferencias en los equipos electrónicos fundamentales para el funcionamiento del avión.
Los sistemas de navegación y comunicación deben permanecer protegidos frente a posibles perturbaciones electromagnéticas. Por eso, los ingenieros evalúan cómo podrían comportarse las señales procedentes de numerosos dispositivos conectados simultáneamente.
Dennis Lewis, ingeniero de Boeing, explicó la importancia de conocer los niveles máximos de señal que podrían recibir los sistemas de navegación y comunicación, incluso cuando se utilizan cientos de ordenadores portátiles.
Después de las pruebas realizadas con las patatas, los resultados se validaron en tierra con personas que simulaban ser pasajeros. Esta segunda fase permitió contrastar las mediciones obtenidas mediante los sustitutos.
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