Con la llegada del otoño, el frío y la lluvia hacen que los cristales del coche se empañen; basta con dejar el coche aparcado durante la noche o entrar en él después de un día lluvioso para encontrarse con el parabrisas y las ventanillas cubiertos por una capa de vaho que dificulta la visibilidad. Ante este problema, existen diferentes trucos caseros para reducir la condensación. Uno de los más populares consiste en utilizar un ingrediente que todos tenemos en la cocina: la patata.
Aunque pueda parecer extraño, frotar una patata cortada por la mitad sobre el cristal ayuda de reducir el empañamiento. La explicación está relacionada con el almidón que contiene, que deja una película muy fina sobre la superficie. Gracias a este truco, la humedad, en lugar de formar pequeñas gotas que dispersan la luz y dificultan la visión, se extiende uniformemente por la superficie.
El truco de la patata en el coche
Para entender por qué se empañan los cristales, es necesario conocer cómo funciona la condensación. Este fenómeno se produce cuando el aire húmedo entra en contacto con una superficie cuya temperatura es inferior a la del propio aire. En este contexto, cuando el aire caliente y húmedo del habitáculo entra en contacto con los cristales fríos, el vapor de agua se condensa y aparecen pequeñas gotas sobre la superficie, las cuales terminan formando una capa blanquecina que dificulta la visibilidad.
Quienes utilizan esta solución casera recomiendan utilizar una patata cruda, limpia y sin restos de tierra. Lo primero es cortarla por la mitad para que libere sus jugos. Después, se pasa suavemente la parte recién cortada por el cristal, extendiendo el líquido que desprende. La idea es dejar una película muy fina, sin empapar la superficie.
Más allá del remedio de la patata, existen diferentes medidas que ayudan a mantener los cristales despejados. Cabe recordar que el artículo 18.1 del Reglamento General de Circulación determina: «El conductor de un vehículo está obligado a mantener su propia libertad de movimientos, el campo necesario de visión y la atención permanente a la conducción, que garanticen su propia seguridad, la del resto de los ocupantes del vehículo y la de los demás usuarios de la vía. A estos efectos, deberá cuidar especialmente de mantener la posición adecuada y que la mantengan el resto de los pasajeros, y la adecuada colocación de los objetos o animales transportados para que no haya interferencia entre el conductor y cualquiera de ellos».
Aunque muchas personas relacionan el aire acondicionado exclusivamente con el verano, puede resultar muy útil durante todo el año, ya que el sistema de climatización ayuda a reducir humedad del aire del habitáculo. Cuando se combina con la calefacción, permite introducir aire más seco y elevar progresivamente la temperatura del interior.
«Con lluvia y frío lo normal es que las lunas del coche tiendan a empañarse. Como ya ocurría con nieve y hielo, lo más adecuado es mezclar el aire acondicionado con el calor de la calefacción y dirigir esta mezcla hacia la luna delantera. En pocos minutos el coche se habrá desempañado. Es recomendable comprobar si están cerradas las salidas de aire, puesto que con ellas cerradas no servirán de nada estos consejos», recomienda la DGT.
Por otro lado, es fundamental mantener los cristales limpios por dentro, eliminando polvo y grasa. Esta suciedad puede favorecer que la humedad se adhiera de forma irregular y que las marcas resulten todavía más visibles. Finalmente, en otoño e invierno, es habitual subir al coche después de caminar bajo la lluvia, pisar charcos o pasar por zonas húmedas. El problema es que buena parte de esa agua termina en las alfombrillas y los tejidos del interior y, a medida que aumenta la temperatura del habitáculo, parte de esa humedad pasa al aire y hace que los cristales se empañen.
Cómo circular en días de lluvia
En primer lugar, es fundamental reducir la velocidad y aumentar la distancia de seguridad respecto al vehículo que circula delante. Uno de los métodos más conocidos para calcular la distancia de seguridad es la «regla de los dos segundos». Consiste en tomar como referencia un punto fijo de la carretera por el que acaba de pasar el vehículo que circula delante y contar dos segundos hasta que el propio coche alcanza ese mismo lugar. En condiciones meteorológicas desfavorables, como lluvia intensa o nieble, este intervalo debe ampliarse hasta los cuatro segundos. También es recomendable aumentar la distancia al circular por túneles, mientras que los vehículos de más de 3.500 kg deben mantener un intervalo mínimo de seis segundos. Según las referencias de la Dirección General de Tráfico (DGT), a 50 km/h se recorren 28 metros en dos segundos; a 90 km/h, unos 50 metros, y a 120 km/h, aproximadamente 66 metros.
Asimismo, cuando el asfalto está mojado, aumenta la distancia necesaria para detener el vehículo y, por ende, existe un mayor riesgo de perder adherencia. Por eso, es fundamental pisar el pedal del freno con suavidad y evitar frenazos repentinos. En cuanto a los movimientos del volante, deben ser progresivos, sin cambios bruscos de dirección. Lo mismo sucede con los adelantamientos y los cambios de carril.
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