¿Hasta qué punto somos como somos por culpa de nuestros genes? La pregunta lleva décadas acompañando a la psicología, y ahora un equipo internacional ha dado un paso más para intentar responderla desde el ADN. Un estudio publicado en ‘ Nature ‘ ha analizado los cinco grandes rasgos de personalidad –extroversión, amabilidad, responsabilidad, neuroticismo y apertura a la experiencia– en más de un millón de personas. El resultado: ha encontrado más de 1.200 variantes genéticas asociadas a estas características, más de 800 de las cuales no habían sido identificadas anteriormente.Los autores advierten desde el principio que «no existe un único ‘gen de la personalidad’», ni permite leer el carácter de una persona a partir de su ADN. Más bien este trabajo muestra un paisaje muy complejo en el que miles de pequeñas diferencias genéticas, en conjunto pueden inclinar la balanza hacia determinadas formas de pensar, sentir y comportarse. «Los genes no actúan de forma determinista», explica a ABC Elliot Tucker-Drob, profesor de Psicología de la Universidad de Texas en Austin y uno de los autores del estudio. «En el contexto de la personalidad, actúan como pequeños empujones hacia determinados patrones de pensamiento, sentimiento y comportamiento. Y lo hacen dinámicamente, mediante interacciones con el ambiente». Del comportamiento al ADNEl estudio se basa en los ‘ Big Five ‘, un modelo consolidado en psicología que resume las diferencias individuales en cinco grandes dimensiones: extroversión (que incluye rasgos como sociabilidad, asertividad y nivel de energía), amabilidad (compasión, respeto y confianza), responsabilidad (organización, productividad y responsabilidad), neuroticismo (ansiedad, depresión e inestabilidad emocional) y apertura a la experiencia (imaginación, curiosidad y sensibilidad estética).Los investigadores cruzaron las puntuaciones obtenidas por los participantes en distintos cuestionarios de personalidad con su información genética. Así, a partir de grandes análisis estadísticos conocidos como GWAS (Genome-Wide Association Studies), este consorcio internacional de científicos examinó millones de posiciones del genoma y comprobaron si determinadas variantes aparecen con algo más de frecuencia entre las personas que puntúan más alto o más bajo en cada rasgo de personalidad. Anteriormente la relación de genes y personalidad se había estudiado con gemelos idénticos; pero la muestra genética era muy pequeña comparada con la de este nuevo trabajo, en el que participaron más de un millón de personasEstudios anteriores con gemelos y familias ya habían demostrado que la genética desempeña un papel en la personalidad (algunos apuntaban que el ADN llegaba hasta el 50% de heredabilidad para algunos casos). El hándicap de estos estudios es que las muestras eran mucho más pequeñas y apenas habían conseguido identificar un puñado de variantes. Gracias a métodos moleculares modernos y una muestra de 1.140.000 personas que aportaron su información genética y realizaron diferentes test de personalidad, el equipo de Tucker-Drob ha encontrado 258 genes asociados con la extroversión, 39 con la amabilidad, 131 con la responsabilidad, 706 con el neuroticismo (este gran número es debido a que este rasgo contaba con mayores investigaciones anteriores) y 126 con la apertura a la experiencia: más de 1.200 en total. De todas ellas, 824 variantes no se habían identificado anteriormente. Además, estos genes se mantenían más o menos homogéneos independientemente de la edad, las diferencias geográficas y de los métodos para medir la personalidad. Por ejemplo, las mismas variantes vinculadas a la extroversión en un adulto joven de los Países Bajos también predijeron la extroversión en un adulto mayor jubilado de Estados Unidos. No somos nuestro ADN (solo)El estudio estima que las variantes genéticas comunes explican aproximadamente entre un 4,8% y un 9,3% de la variación observada en los cinco rasgos. Pero esto no significa que el 9% de tu personalidad sea genética y el 91% sea ambiental. De hecho, los autores señalan que portar una de estas variantes no te hace ‘responsable’ o ‘amable’ por sí mismo, ya que llevar este gen en realidad «tiene un efecto minúsculo». Por ejemplo, para la extroversión, el efecto medio de portar las variantes individuales es aumentar del 50% al 50,35%.Según explican, es más parecido a tener miles de interruptores diminutos, cada uno empujando ligeramente en una dirección. Y, junto a ellos, entran en juego la educación, las experiencias, la cultura, las relaciones, etc. Pero, aún siendo casi nimio, este porcentaje se repite a lo largo de la enorme muestra de más de un millón de individuos estudiada, demostrando que hay algo más que simple ruido estadístico o casualidad.Estas variantes genéticas pronostican parcialmente la salud mental y física, la longevidad, la educación, las trayectorias y los resultados profesionales, e incluso cómo las personas son percibidas por sus allegadosEstas variantes genéticas que predicen la personalidad también pronostican parcialmente la salud mental y física, la longevidad, la educación, las trayectorias y los resultados profesionales, e incluso cómo las personas son percibidas por sus allegados. Por ejemplo, los genes vinculados a la responsabilidad se asociaron con una mayor actividad diurna, mientras que los vinculados a la apertura a nuevas experiencias y la extroversión se asociaron con una mayor tendencia a la actividad nocturna. Los investigadores afirman que los hallazgos apuntan a una relación interconectada entre ADN y entorno. Por ejemplo, descubrieron que las variantes genéticas comunes vinculadas a la apertura a nuevas experiencias tendría tendencia a vivir en barrios más cosmopolitas. A su vez, vivir en esos barrios podría reforzar y moldear aún más ese mismo rasgo. En esta línea, también hallaron evidencia de que las parejas tienden a tener predisposiciones genéticas similares en cuanto a neuroticismo, extroversión y apertura, «sin embargo, estas similitudes fueron extremadamente pequeñas», señala Tucker-Drob. La sorpresa vino por el rasgo de la amabilidad: los autores no consiguieron encontrar las variantes ‘mundiales’, ya que los resultados variaron de un país a otro Encontraron también sorpresas como que los efectos genéticos sobre la amabilidad eran relativamente inconsistentes. «Las variantes genéticas de este rasgo en una muestra de un país diferían ligeramente de las relevantes en otra muestra de otro», explica Tucker-Drob. «La amabilidad es el rasgo de personalidad que refleja empatía, confianza y bondad hacia los demás. Existen indicios de que estas características de la personalidad pueden manifestarse de forma diferente en distintas culturas. Además, los diferentes cuestionarios utilizados para medir la amabilidad pueden enfatizar distintas características de la misma», indica.Tucker-Drob insiste en que no hay que traducir esas cifras en una especie de reparto entre «genes» y «ambiente». «Cualquier cifra o proporción de este tipo puede resultar engañosa, porque los efectos genéticos sobre la personalidad pueden actuar a través de la experiencia ambiental y en interacción con ella», señala.«No creo que sea apropiado establecer si el ambiente o los genes desempeñan un papel mayor en la personalidad. Ambos trabajan juntos para moldear la cómo somos» Elliot Tucker-Drob Profesor de Psicología de la Universidad de Texas en Austin y autor del estudioPor eso, ante la pregunta de si el ambiente desempeña un papel mayor que los genes, el investigador rechaza la dicotomía: «No creo que sea apropiado establecer esa distinción. Los genes y el ambiente trabajan juntos para moldear la personalidad».La tarea de separar los genes del ambiente familiar Uno de los puntos fuertes del estudio es cómo los autores separan los genes del ambiente. Imaginemos que los investigadores encuentran que una variante genética está asociada con mayor sociabilidad. ¿Cómo saben que esa asociación se debe a la variante que ha heredado el niño y no, por ejemplo, a que sus padres también son más extrovertidos y, por ello, han creado un entorno familiar más social? Para comprobarlo, los investigadores aprovecharon las diferencias genéticas que existen dentro de las propias familias. Comparan a hermanos, que han crecido en el mismo hogar y comparten buena parte de su ADN, pero no han heredado exactamente las mismas variantes. De este modo, el ambiente familiar queda en buena medida controlado: si una variante sigue estando asociada con diferencias de personalidad entre los hermanos, es más difícil atribuir esa relación al entorno creado por los padres. También compararon padres e hijos para distinguir las variantes que los progenitores han transmitido de aquellas que no han transmitido. Así pueden comprobar si la asociación con la personalidad depende de las variantes que porta el propio individuo o si también podría proceder indirectamente del ADN de sus familiares. Al repetir el análisis teniendo en cuenta estas relaciones familiares, los resultados fueron «extremadamente similares» –alrededor del 96%– a los obtenidos mediante el análisis convencional. Es decir, al controlar el posible efecto del ambiente y de la genética compartida dentro de las familias, la señal genética apenas cambia. Para los autores, esto indica que los efectos indirectos del ADN de otros miembros de la familia sobre la personalidad son relativamente pequeños.Una ‘foto’ demasiado europeaEl enorme tamaño del estudio tiene, sin embargo, una limitación: no representa por igual a toda la humanidad. La inmensa mayoría de los participantes procede de poblaciones de ascendencia europea. Además, el trabajo incluye entre 43.000 y 48.000 personas de ascendencia africana (lo que es un pequeño número con respecto al total de europeos), pero no incorpora datos de individuos procedentes de culturas no occidentales, por ejemplo.«Nuestro estudio mejora investigaciones anteriores, que tenían poca potencia estadística y estaban confinadas principalmente a individuos de ascendencia europea», dice Tucker-Drob. No obstante, reconoce: «Pero sigue teniendo limitaciones en cuanto a su representatividad de la población mundial».Este no es un detalle menor: «Los genes pueden expresarse de manera diferente en distintos contextos culturales y la propia personalidad, así como la forma en que se mide, puede variar entre culturas», apunta. De hecho, cuando los investigadores utilizan los índices genéticos construidos principalmente a partir de participantes de ascendencia europea para predecir rasgos en personas de ascendencia africana, su capacidad predictiva disminuía.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Hallan seis enormes estructuras a 3.000 km de profundidad, en la frontera entre el manto y el núcleo terrestre noticia Si El cazador cazado: el extraño caso del superdepredador del Cámbrico que sufrió y sobrevivió a un ataque mortalEl objetivo, por tanto, no es cerrar el debate sobre cuánto de nuestra personalidad está escrito en el ADN, sino abrir una puerta mucho más precisa para estudiarlo y aplicar estos conocimientos. «La personalidad parece ser relevante en casi todos los ámbitos», señala Ted Schwaba, autor principal de este estudio y profesor del Departamento de Psicología de la Universidad Estatal de Míchigan. «Por ejemplo, las variantes genéticas asociadas al neuroticismo predicen una mayor estancia hospitalaria, lo cual es relevante para médicos e investigadores de la salud. O las variantes asociadas a la apertura a la experiencia están vinculadas a los ingresos y al cambio de trabajo, lo cual es relevante para los investigadores vocacionales. Esperamos que este estudio anime a muchos otros científicos a incorporar los rasgos de personalidad en sus campos de investigación».
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