Cambio de tono. El Gobierno buscó este martes maquillar el evidente deterioro de su relación con Zarzuela, una situación que se lleva larvando durante años, pero que se ha exhibido con más nitidez en las últimas semanas al calor de la crisis migratoria de Ceuta. En Moncloa se afanan ahora por proyectar «total normalidad» con el Rey, después de que Pedro Sánchez señalara abiertamente este lunes la ausencia del jefe de Estado en la ciudad autónoma tras la entrada masiva de finales de julio. «Yo llevo ocho años gobernando este país. El Rey lleva reinando más de 20 años. ¿Cuántas veces ha ido el Rey a Ceuta y Melilla? No ha ido ninguna vez», dijo en una entrevista en la ‘Cadena Ser’. Un reproche, a modo de preámbulo, para anunciar a continuación una futura visita de Felipe VI a Ceuta «cuando se den las circunstancias». Un viaje todavía por definir y sobre el que el Ejecutivo no aporta concreción alguna. «La visita no está organizada», se limitan a señalar fuentes gubernamentales.El tono conciliador del Ejecutivo, que se desplegó con toda su intensidad en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, se produce horas después de que el Rey y Sánchez compartieran un largo despacho institucional. En Moncloa tratan de despojar la reunión de más de dos horas de duración de cualquier elemento de excepcionalidad, tildándolo de «habitual» y destacando que estaba «fijada antes del verano», pero los esfuerzos por dotar de naturalidad la situación contrastan con la tensión que se ha producido en las últimas semanas. En público se trata de instalar la percepción de que existe una «buena relación» —así la definió la portavoz gubernamental—, pero en privado, fuentes gubernamentales consultadas por ABC relatan las últimas desavenencias que han llevado al límite la relación.En concreto, las citadas fuentes señalan dos cuestiones que han generado malestar en el Ejecutivo. En primer lugar se identifica el comunicado que se emitió por parte de el Rey el pasado 1 de agosto, en el que expresaba su «gran preocupación e indignación» ante los «graves acontecimientos» ocurridos en Ceuta. Más allá del tono severo de Zarzuela, que iba en consonancia con el diagnóstico que había hecho el propio Sánchez solo unas horas antes, calificando la afrenta migratoria como «un ataque» y «una violación de la integridad territorial de España», hubo una frase que molestó especialmente por la lectura posterior que se hizo de la misma. «El Estado debe velar por su seguridad y por evitar que estos hechos —que además, se han traducido en una triste y trágica pérdida de decenas de vidas— vuelvan a repetirse». La interpretación que se hizo de la misma fue una crítica velada a la actuación del Gobierno en la crisis y esto generó enfado.Cabe puntualizar, no obstante, que este comunicado se emitió después de la supervisión de Moncloa —como suele ser el proceder habitual— que dio el visto bueno antes de su publicación. Los equipos de Zarzuela y Presidencia —con la intervención del Ministerio de Exteriores— trabajaron conjuntamente en el texto, del que se extirparon algunas expresiones por la alta sensibilidad del mensaje, lo que propició que surgieran algunas distorsiones en el espíritu final del mismo. Además del citado comunicado, en el Ejecutivo también reprochan a Zarzuela que no haya atajado las insinuaciones que se han lanzado desde el principal partido de la oposición durante el mes de agosto, asegurando que el Gobierno estaba vetando una eventual visita del Rey a Ceuta. En Moncloa esperaban que desde la Casa Real se hiciera algún movimiento, ya fuera en contacto directo con el PP o a iniciativa propia para zanjar el asunto. Esto no se produjo y, según las fuentes consultadas por este diario, fue lo que motivó la declaración de Sánchez en la que confirmaba que sí se produciría la visita. «Había interés en desmentir el bulo», señalan, negando que hubiera ninguna carga de «reproche» en las palabras del presidente hacia Felipe VI. «Se limitó a constatar una realidad, que la última visita del Rey fue hace 20 años, con diferentes gobiernos del PP y del PSOE. Lo importante es que esa visita va a tener lugar», sentenció Elma Saiz en rueda de prensa. Paiporta, las tomas de posesión de líderes latinoamericanos o la ausencia en Notre Dame ya evidenciaron la falta de sintoníaLa crisis de Ceuta ha puesto en evidencia una falta de sintonía que ya se detectó en otros momentos. Destacan la visita a Paiporta durante la dana de Valencia, las tomas de posesión de mandatarios latinoamericanos, la ausencia de representación española en la reapertura de la catedral de Notre Dame o todo lo que orbita en torno a la figura del Rey Juan Carlos I. En los ocho años de gobierno de Sánchez se ha percibido una clara evolución desde una posición más proclive a la protección a la institución a un posicionamiento en el que se ponen de relieve las discrepancias. Ahora, una vez se ha anunciado la visita de Felipe VI a la ciudad autónoma, en el Gobierno muestran su esperanza en que esto no provoque una reacción airada de Marruecos, como ocurrió en 2007, la última vez que el Rey visitó Ceuta. En Moncloa exhiben el silencio de Rabat, la falta de reivindicación de la avalancha de finales de julio, como un signo claro de su falta de implicación en los hechos. «No hay evidencia, prueba o indicio de que Marruecos colaboró antes o después», señalan fuentes gubernamentales, que apuntan a que lo que tienen es, precisamente, «todo lo contrario». A continuación, hacen un relato de los hechos de la colaboración «abrumadora» desplegada por Rabat en las horas posteriores a la crisis para contener la llegada y facilitar el regreso de los nacionales de su país que llegaron a Ceuta.
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