Ernestina Michels de Champourcin y Morán de Loredo fue una poeta española de la Generación del 27 que formó parte del grupo de «Las Sinsombrero». Su trayectoria poética experimentó una profunda transformación con el paso del tiempo. Sus primeras obras estuvieron marcadas por el amor, los sentimientos y la intimidad, con una poesía cercana a la de Juan Ramón Jiménez. Sin embargo, durante su exilio en México, su escritura adquirió un carácter más espiritual y religioso. Esta evolución se aprecia en libros como «La voz en el viento» (1931), «Cántico inútil» (1936) y «Poemas del ser y del estar» (1972).
Sus versos destacan por combinar sencillez, musicalidad y profundidad. En ellos aparecen cuestiones universales como el amor, la fe, el paso del tiempo, la soledad y la muerte. La autora no busca ofrecer explicaciones definitivas, sino expresar sus inquietudes a través de imágenes delicadas y cercanas, capaces de transmitir emociones complejas sin perder naturalidad.
«Morir es una rosa que se nos da de balde, un perfume cuajado en amor para siempre»
La imagen de una rosa, su fragancia y la promesa de un amor que perdura convierten este verso en una reflexión sobre la fugacidad de la existencia. Al mismo tiempo, permiten acercarse a una autora cuya trayectoria estuvo marcada por el exilio y por una profunda evolución interior.
La expresión «de balde» hace referencia a algo que se obtiene gratis, sin tener que pagar por ello. De este modo, la rosa se presenta como un regalo que se ofrece sin esperar nada a cambio. La elección de esta flor tampoco es casual. La rosa simboliza la belleza y la fragilidad, pues su esplendor, aunque intenso, no dura para siempre. Sin embargo, la segunda parte del verso, «un perfume cuajado en amor para siempre», aporta una idea de eternidad. La flor puede desaparecer, pero su aroma permanece en la memoria.
El perfume adquiere así un significado simbólico y representa el amor, que tiene la capacidad de dejar una huella imborrable incluso cuando ya no existe una presencia física. En la etapa más espiritual de Champourcín, esta imagen también se puede interpretar como una referencia a la esperanza de una vida que vaya más allá de la muerte.
La poesía de Champourcín fue transformándose a lo largo de su vida. En sus primeras publicaciones predominan el amor y los sentimientos íntimos, mientras que sus obras posteriores se adentran en cuestiones como la memoria, la espiritualidad y el sentido de la existencia. En este contexto, la imagen de la rosa habla de una existencia breve, pero también de la capacidad del amor para permanecer en el tiempo. La poeta no trata de desvelar el misterio de la eternidad, sino acercarse a él a través de la belleza, la sensibilidad y la esperanza.
Poemas de Ernestina de Champourcín
Ernestina de Champourcín empezó a escribir desde muy joven y recibió la influencia de autores como Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez. Tras la Guerra Civil, se exilió en México junto a su marido, Juan José Domenchina, donde continuó su actividad literaria y trabajó como traductora. Regresó a España en 1972 y falleció en Madrid en 1999.Cabe señalar que recibió la Medalla al Mérito Artístico del Ayuntamiento de Madrid en 1997.
‘Carta al vacío’
«Es escribir a alguien
o lanzarse al silencio,
a nadar en lo oscuro,
a encender una llama
aunque ahoguen las dudas.
¿Carta a lo que no existe?
Hay buzones alados
que se disparan solos
y un correo sin pistas
ni trayecto seguro.
Eludir el camino
que todos conocemos.
Seguir hacia adelante
ruta de los que intentan
lo que nunca pensaron
y se sienten felices
porque hay algo distinto,
porque se desvanece
de pronto lo que sobra
y no existe el vacío
si queremos colmarlo».
‘Tú no sabes aún’
«Tú no sabes aún que he cercado tu orilla,
que sueñas por la noche el color de mis ojos,
que tus manos en sombra
dirigen su tanteo hacia mi soledad.
¡Ignóralo así siempre!
Yo agolparé tinieblas en el limpio sendero
que hollan las verdades.
Plegaré la inconsciencia como una venda inmóvil
sobre tu laxitud.
Nunca sabrás que en ti la fuerza se desnuda
para erguir hasta el cielo el soplo de mi vida.
Que tus labios se mueven al encuentro de un beso
modelado en mi boca por tu ardiente obsesión.
Ignóralo, y así desechará mi gesto
la rígida cautela que detiene el impulso,
e invaderé gozosa la atmósfera profunda
que arrebata en su cauce lo más puro de ti».
‘Al final de la tarde’
«Al final de la tarde
dime tú ¿qué nos queda?
El zumo del recuerdo
y la sonrisa nueva
de algo que no fue
y hoy se nos entrega.
Al final de la tarde
las rosas siguen lentas
abriéndose y cerrándose
sin caer aún en tierra.
Al final de la tarde
no vale lo que queda
sino el impulso mágico
de la verdad completa».
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