Cambiar la ciudad por una finca de 20 hectáreas, rodeada de dehesas y con una forma de vida que depende de paneles solares y de un pozo de agua, no es algo que cualquiera esté dispuesto a hacer. Jesús y Teresa, él español y ella alemana, dieron ese paso en 2021 cuando se instalaron en plena Sierra de Aracena y Picos de Aroche, en Huelva, con la intención de llevar una vida mucho más vinculada al campo.
Ahora buscan a dos personas que quieran probar esa experiencia durante unas semanas. La propuesta, publicada en Workaway, ofrece alojamiento gratuito en una casa independiente dentro de la finca a cambio de ayudar en distintas tareas. No esconden que el trabajo puede ser duro, repetitivo y cansado, ni que vivir en una propiedad rural exige adaptarse a unas condiciones muy diferentes a las de una ciudad. Por eso prefieren voluntarios que entiendan el cambio que puede suponer o al menos, tengan verdadero interés por aprender a vivir de forma más autosuficiente.
Una pareja busca voluntarios para vivir gratis en una complejo que es reserva de la biosfera por la UNESCO
Cuando Jesús y Teresa llegaron al campo no tenían experiencia en gestión rural. Ellos mismos cuentan que todo lo han aprendido sobre la marcha, a base de prueba y error, enfrentándose a situaciones. Inundaciones durante el invierno, veranos muy secos y el mantenimiento diario de una finca de grandes dimensiones han formado parte de ese aprendizaje durante los últimos cinco años allí.
A pesar de las dificultades, no se arrepienten. En su anuncio explican que todo ha sido nuevo para ellos y que, aunque adaptarse no siempre ha resultado fácil, no cambiarían la vida que llevan ahora. También dejan claro que no buscan a alguien que simplemente quiera pasar unos días de vacaciones en mitad del campo. La idea es que quien llegue se implique en las tareas y tenga interés por una forma de vida que exige bastante más de lo que puede parecer desde fuera.
Casa independiente a cambio de ayudar en la finca
El alojamiento es uno de los puntos más llamativos de la oferta. Los voluntarios pueden quedarse en una pequeña casa de invitados situada en una zona elevada de la propiedad, separada de la vivienda principal de la pareja. Así, quienes participen disponen de su propio espacio y pueden mantener cierta independencia.
La casa está equipada, pero la comida corre por cuenta de cada voluntario. Jesús y Teresa suelen dejar algunos productos básicos en la despensa, aunque cada persona debe encargarse después de comprar y cocinar lo que necesite. La estancia mínima que piden es de dos semanas, tiempo suficiente para adaptarse al lugar y participar en el trabajo que se esté haciendo en ese momento.
Desde cortar leña hasta recoger aceitunas
Las tareas dependen de la época del año. En unos momentos puede tocar cortar leña para preparar el invierno y en otros podar árboles, desbrozar, reparar vallados o limpiar los cauces del arroyo que atraviesa la finca. Durante la temporada de aceituna, además, los voluntarios pueden colaborar en la recogida tradicional y conocer cómo elaboran su propio aceite.
La finca también tiene animales. Viven allí siete perros, gallinas y dos burros, por lo que parte del trabajo puede estar relacionado con su cuidado. Si alguno de los voluntarios tiene experiencia con burros, la pareja valora que pueda ayudar con su manejo, el entrenamiento o el mantenimiento de los cascos. No se trata de una tarea fija, sino de echar una mano en lo que vaya necesitando la propiedad.
Una vida aislada, a pocos kilómetros de Portugal
La finca se encuentra en el término municipal de Encinasola, dentro del entorno de dehesas de Sierra Morena y en una zona reconocida como Reserva de la Biosfera por la UNESCO. El paisaje es uno de los grandes atractivos del lugar, pero también condiciona el día a día porque la propiedad está alejada de los servicios habituales.
Desde la casa se tarda una hora andando hasta el pueblo y la frontera con Portugal queda a unos nueve kilómetros. Por eso, la pareja recomienda disponer de vehículo propio, si se quiere tener libertad para moverse. Quienes lleguen en transporte público también pueden hacerlo, ya que Jesús y Teresa explican que pueden recogerlos en la estación de autobuses más cercana, situada a unos 23 kilómetros.
Por último se deja claro en el anuncio que no hay sueldo y como mencionamos, tampoco la comida está incluida, pero sí el alojamiento durante la estancia. A cambio, quienes acepten la propuesta de vivir en ese entorno natural tendrán que colaborar en las tareas que vayan surgiendo en la finca y permanecer al menos dos semanas. Jesús y Teresa buscan, sobre todo, personas que lleguen sabiendo que vivir en el campo implica trabajo diario y bastante autonomía y que no es un trabajo fácil o que no requiera esfuerzo, sino todo lo contrario.
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