Entre gafas retiradas ‘in extremis’, intentos por conseguir las adecuadas en el último momento y millones de desplazamientos, España ha vivido este miércoles un fenómeno histórico para el que llevaba meses preparándose y que ha llenado de espectadores venidos de todo el mundo los rincones del país en los que el eclipse ha sido visible. Había alrededor de 350 puntos oficiales preparados y repartidos entre las 13 comunidades autónomas en las que se ha podido observar la franja de totalidad del fenómeno, más todos los que iban surgiendo en cuanto se detectaba un hueco con buena visibilidad. Y con los alojamientos con el cartel de lleno colgado desde meses atrás pese a los miles de euros que se llegaban a pedir por una habitación, las colas y aglomeraciones han constatado el interés que ha culminado en una asistencia masiva para contemplar el evento.Ya desde por la mañana han empezado a darse las primeras retenciones en las carreteras que llevaban a los puntos con mayor visibilidad. Galicia, Cataluña, Comunidad Valenciana o Baleares han sufrido atascos a lo largo de todo el día en sus carreteras. En Cataluña, el colapso llegaba hasta los trenes: los desplazamientos a las zonas con mejor visibilidad han sido una constante. La Dirección General de Tráfico (DGT) había activado un operativo especial ante la previsión de que se produjeran entre 400.000 y 1,5 millones de desplazamientos adicionales hacia las zonas en las que el eclipse se ha visto en su totalidad.En el dispositivo había implicados 25.000 guardias civiles y policías nacionales, 20 patrulleras y 99 medios aéreos que desde primera hora han controlado que la jornada transcurriera con normalidad. En muchas de las principales ubicaciones, como en algunos puntos de Baleares, los accesos a las zonas de mayor visibilidad han tenido que cerrarse ya antes de que empezara la tarde al haber alcanzado el límite de personas. Mientras, en la Comunidad Valenciana los cuerpos policiales desalojaron durante el día a grupos de personas que trataban de acceder a espacios públicos cerrados, como parques naturales y zonas forestales, ante el riesgo extremo de incendios. siSeguido desde pueblos recónditos de la España rural, acantilados, playas, barcos, e incluso un avión de Iberia con 30 astrónomos a bordo, el fenómeno ha atraído tal curiosidad que ha convertido al país en una España eclipsada , en un país detenido que solo tenía atención para un evento único. El primer punto en el que se ha visto el eclipse ha sido Ferrol, en Galicia, mientras que los aficionados que lo han seguido desde Baleares han sido los últimos en poder apreciar el que ha sido el evento astronómico del año y que inaugura el trío de eclipses que se sucederán en los próximos años. En algunos puntos del área cantábrica y el norte de Galicia las nubes dificultaron un poco la visibilidad, lo que no impidió que miles de espectadores disfrutaran aun así del fenómeno. La costa gallega, primer punto de la Península en contemplar el eclipse total de SolLa noche ha llegado, de manera prematura y antes que al resto de la Península, a Galicia. Primera comunidad de todo el país en apreciar el histórico eclipse de Sol, decenas de miles de personas se han desplazado a la costa de Ferrol para presenciar el fenómeno desde uno de los miradores más privilegiados. Con las miradas alzadas a un cielo azul y pertinentemente despejado para la ocasión, con la oscuridad absoluta ha llegado también el silencio. Y justo después, las exclamaciones, la impresión ante algo nunca visto. Pocas palabras para un espectáculo que marcó la jornada en Galicia, donde 156 concellos han contemplado el eclipse de manera total. Desde el litoral de Ferrol, al pie del arenal de Doñiños, más de 6.000 personas, gafas mediante, han despedido al astro rey durante 1 minuto y poco más de 30 segundos, la duración de una opacidad única e histórica que nadie se ha querido perder y que ha movilizado a visitantes nacionales e internacionales, con desembolsos de hasta mil euros la noche. El fenómeno, a juzgar por la reacción del público asistente, lo ha recompensado con creces.Ha sido a las 19.30 horas, con puntualidad científica, cuando el desplazamiento de la luna en su viaje para cubrir el Sol se ha iniciado ante la asombrada mirada de todos aquellos que se habían citado en esta playa gallega, uno de los «puntos idóneos», según la logística diseñada por el Gobierno autonómico, para presenciar el eclipse. Sobre el océano Atlántico, sin límites en el horizonte, el día ha dado paso a la noche en un lento desplazamiento del que pocos han desviado la mirada. Imposible hacerlo ante el hipnótico baile. Los miles de participantes desplazados a la costa ferrolana, guiados por el centenar de efectivos que han velado por el correcto funcionamiento del evento, eran conscientes del histórico momento. También los 25 expertos de la NASA que se han desplazado hasta este arenal, con vistas al Atlántico, para aprovechar la oportunidad y testar unos de sus telescopios más potentes.Vista del eclipse total desde San Asensio, en la Rioja AFPPuerta de entrada del eclipse a toda la Península, Ferrol se ha convertido este histórico 12 de agosto en capital gallega del eclipse solar, con un dispositivo al nivel de los centenares de miles de desplazamientos que desde primera hora de la mañana se han dejado notar en la densidad de tráfico de la arteria que vertebra la Comunidad, la AP9. La esperada jornada, coincidieron desde el puesto de mando instalado en Doñiños, no ha defraudado. Ha habido expresiones de admiración, nervios, y también aplausos y alguna lágrima ante un fenómeno natural que ha convertido el día en noche durante más de un minuto y medio, para después devolver el Sol a esta inédita jornada estival. «Como un interruptor que al pulsarlo apaga y enciende la luz, pero en el firmamento» ha comentado uno de los expertos presentes como resumen de un espectáculo único en la vida. Y de fondo, más aplausos y un grito: Feliz eclipse a todos.Desde la tabla de paddle surf en el marEn Valencia, otro de los sitios privilegiados para verlo, espectadores llegados de otros países, grupos de amigos que han convertido la cita en una reunión especial y familias que han recorrido cientos de kilómetros desde distintos puntos de España. Historias diferentes, procedencias variopintas y motivos de toda clase, pero un mismo objetivo: mirar al cielo y ser testigos de un fenómeno astronómico que no volverá a repetirse en la Península en las mismas condiciones durante décadas.La playa de la Malvarrosa ha sido uno de los cinco puntos oficiales habilitados en la provincia de Valencia para contemplar el histórico eclipse total, el más multitudinario por la amplitud de la costa. Desde alrededor de las cuatro de la tarde, la llegada de asistentes ha sido constante. Muchos lo hacían cargados con sillas, mesas, neveras y todo lo necesario para convertir la espera en una velada frente al mar. A las seis, el paseo marítimo y la arena ya estaban abarrotados. Una hora después, miles de gafas homologadas apuntaban al cielo en una imagen casi uniforme, mientras la expectación crecía a medida que se acercaba el momento.Y entonces ha llegado el eclipse. El bullicio ha dado paso a la sorpresa y las miradas se han concentrado en el cielo. Entre el público se repetían dos palabras para describir lo que acababan de contemplar: «único» y «espectacular». Entre quienes esperaban ese momento desde hacía meses estaban Alba, Oliver, Mel y Seb, unidos por su pasión por los fenómenos astronómicos. Mel y Seb viajaron desde Escocia, mientras que Alba y Oliver residen en Reino Unido. Para los cuatro, el viaje hasta Valencia era mucho más que una escapada. Era una nueva oportunidad para reencontrarse con una de esas experiencias que dejan huella.Jóvenes se fotografían con las gafas en la playa de la Malvarrosa de ValenciaOtros llegaban sin tanta planificación, pero con las mismas ganas. Desde Murcia, Mari, David y Adrián hicieron las maletas para viajar hasta Valencia y vivir en primera persona un fenómeno que, como ellos mismos resumían, «no se ve todos los días». Los tres amigos querían disfrutarlo de una manera diferente y han llevado consigo una tabla de paddle surf. Su plan: adentrarse en el mar y contemplar desde el agua cómo la Luna ocultaba el Sol.«¿Por qué no verlo desde el agua, con la tabla y entre amigos?», se planteaban horas antes de que comenzara el eclipse. La Malvarrosa ofrecía así una perspectiva poco habitual para quienes decidieron convertir la espera en una pequeña aventura. También desde Murcia ha llegado Jacinta con su marido y su hijo, aunque en su caso el viaje nació casi de la improvisación. Mientras comían, vieron en televisión la expectación que estaba generando el eclipse. La idea surgió de repente: «Oye, ¿por qué no vamos a verlo?». Dicho y hecho. Cogieron el coche y pusieron rumbo a Valencia.En los prados verdes de un acantiladoEn Guecho (Vizcaya) pasaban dos minutos de las siete y media cuando se ha podido ver al Sol empezar a esconderse tras la Luna desde el Faro de Punta Galea. Centenares de personas se han concentrado desde la media tarde sobre los prados verdes de estos acantilados, que vigilan desde el flanco derecho la entrada del mar a la ría de Bilbao. Con todo el horizonte delante marcado sobre el mar Cantábrico y decenas de veleros y embarcaciones apostadas, las nubes bajas que había anunciado la Aemet en el norte de España amenazaban, pero han permitido ver el inicio del eclipse. «Ahí viene una nube. Qué duro», ha dicho una mujer apostada junto a su marido en una de las barandillas.Este ha sido uno de los principales puntos elegidos por jóvenes y ancianos y españoles y extranjeros venidos de fuera para presenciar este acontecimiento histórico desde el País Vasco. Aquí, además de en otros mucho municipios vizcaínos o alaveses como Vitoria, se ha producido la superposición prácticamente completa del satélite lunar sobre el Sol. También ha habido quien ha decidido subir al monte Serantes, al otro lado, en la margen izquierda de la ría, o hasta el mirador de Archanda. Además, la empresa que cuenta con la explotación del Puente Colgante (Portugalete), si bien es propiedad de la Autoridad Portuaria de Bilbao, ha permitido subir hasta lo alto de la infraestructura para presenciar el fenómeno meteorológico. Eso sí, previo pago de 25 euros para particulares (150 euros para los medios de comunicación).Decenas de personas observan el fenómeno desde Vitoria EfePoco a poco, la Luna comía al Sol y a las ocho de la tarde ya tapaba un tercio. «Que se ha suspendido el eclipse», decían algunos cuando los débiles nubarrones se interponían y limitaban a ratos la visibilidad. Poco a poco, el cielo se ha ido oscureciendo hasta que a las ocho y veintisiete minutos según los teléfonos móviles la Luna ha ocultado al Sol casi por completo durante unos segundos. Los asistentes en Punta Galea han irrumpido en aplausos y la estrella, de forma inversa, ha ido recuperando su brillo habitual hasta pasada aproximadamente otra media hora: «Qué chulo y qué extraño a la vez».
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