Gabinete de crisis en Moncloa. El presidente del Gobierno debe tomar una decisión en las próximas horas: si convoca elecciones anticipadas a lomos del malestar social por la vivienda o si vuelve a envainarse el amago y sigue adelante la legislatura. El horizonte del acortamiento del mandato no llegó en una carta a la ciudadanía esta vez, sino en un torrente de presiones para adelantar los comicios si Junts cumplía su amenaza de tumbar los dos decretos de vivienda. Lo hizo y ahora la pelota está en el tejado del Ejecutivo, que tiene por delante un domingo decisivo. Pedro Sánchez se ha rodeado de su núcleo duro, desde donde aseguran que la decisión no está tomada, y ha movilizado a sus equipos para monitorizar el grado de descontento por el fracaso legislativo. Si este es suficiente para convocar, lo hará.Para comprobarlo, el presidente ha pedido datos. En Moncloa hay un equipo específico encargado de esta tarea y que trabaja a máximo rendimiento en las últimas horas, encargando lo que se denominan encuestas ‘flash ‘. En paralelo a lo cuantitativo está lo cualitativo. En el Ejecutivo también hicieron un seguimiento de las movilizaciones convocadas para este sábado en varios puntos de España. En el Gobierno quieren ver si esa corriente de malestar revierte directamente en las expectativas de la izquierda. «Lo que ha pasado es muy grave» , señalan fuentes gubernamentales, sobre el fracaso de los decretos de vivienda, emplazándose a las «próximas horas» para «analizar las consecuencias» y huyendo de avanzar cualquier escenario futuro. «No hagamos cábalas», sentencian.«Hemos hecho un ejercicio consciente de no ir a la pantalla electoral», se defienden en Moncloa, aunque inmediatamente condicionan los siguientes pasos a «cómo se posicione la sociedad en los próximos días». «No descartamos ninguna opción» . En el entorno del presidente le animan a convocar. Creen que el escenario es propicio y que no existirá otro contexto más favorable para hacerlo en el futuro. En un momento de máxima debilidad, cercado por la gestión política en Ceuta y con los casos de corrupción reactivándose de nuevo en los tribunales, el Gobierno ha encontrado en el desahucio de una anciana de 84 años el asidero al que aferrarse para volver a sacar cabeza y coger aire. Otras fuentes son más cautas y creen que el escenario puede volverse adverso en los 54 días que median entre la convocatoria y la celebración de las elecciones, por eso quieren tener datos lo suficientemente consolidados en la mano para apretar el botón con ciertas garantías. Esta es una decisión de alto riesgo político.Sánchez no solo ha consultado con su equipo más cercano, ministros y cargos del PSOE. También ha departido con líderes de otras formaciones políticas sobre la conveniencia o no de llamar a las urnas. En la interna de su propio partido la posición es prácticamente unánime. Por un lado, los alineados con la dirección perciben la «oportunidad histórica» de ir a las elecciones, con un marco y un relato que hasta ahora no tenían. Quienes se muestran más críticos con Sánchez también secundan la tesis del adelanto. La llevan defendiendo desde hace meses, para tratar de distanciar al máximo las urnas de las generales de las municipales y autonómicas, con el objetivo de no volver a pagar los platos rotos de la crispación política nacional. También hay otra corriente que, dejando a un lado sus preferencias, cree que el presidente no acabará convocando, porque esto supondría adelantar su salida del poder y perder el control de los resortes del Estado ante un complicado devenir judicial en los tribunales.Sánchez ha consultado en las últimas horas a su equipo más cercano, ministros, dirigentes socialistas y también de otros partidosPor su parte, en Moncloa no ocultan que Maricarmen ha supuesto una bocanada de oxígeno y un viraje de la agenda pública que les permite recuperar la iniciativa y situar el debate de la vivienda en el centro. Pese a que el Ejecutivo lleva más de ocho años en el poder y arrastra la frustración de la gestión fallida en este campo, en el Gobierno reconocen que es un «punto de inflexión» porque es el «mayor problema que tiene la sociedad ahora mismo». Además, las movilizaciones por la vivienda que han recorrido todo el territorio han tenido un potencial revulsivo para el espectro progresista. El espacio sin amalgamar a la izquierda del PSOE ha mostrado síntomas de cierta sintonía y sincronización que parecían descartables a escasos meses de las urnas. Una foto de unidad frente al Hospital Gregorio Marañón, donde permanecía ingresada Maricarmen, como medida de presión a los socialistas permitió compartir espacio-tiempo a formaciones políticas que se han negado la coexistencia. Esto también ha tenido una influencia directa en un electorado, muy desmovilizado, que -según las encuestas que manejan internamente- se ha vuelto a activar.En Moncloa ven al PP «descolocado» y apelan directamente a sus votantes: «No saben lo que han hecho»Que el debate de la vivienda se haya situado en el centro de la calle y la política española no solo le ha dado al Gobierno «una oportunidad histórica» para vender su agenda progresista, sino para poder confrontar modelos con el Partido Popular. En las primeras horas, tras el desahucio de Maricarmen, la actitud del Ejecutivo fue poco proactiva, sin querer avanzar soluciones desde la Administración central, para provocar que el desgaste de las responsabilidades se orientara hacia las administraciones locales y autonómicas que tienen las competencias en vivienda. Sumar reclamó los focos para el Consejo de Ministros y ahora quieren devolverlos a las formaciones que votaron en contra. «No son conscientes de lo que han hecho», sentencian. En Moncloa se regodean en que al principal partido de la oposición «ni está ni se le espera» y ven una oportunidad de ensanchar su base social por el centro, «porque sus votantes también están afectados por la vivienda». No es casual que la titular de Vivienda haya aprovechado sus intervenciones públicas de los últimos días para dirigirse a los votantes del PP. «Los fondos buitre no preguntan a quien votan», dijo, para reivindicarse como un gobierno que está haciendo políticas valientes que les benefician. En el Ejecutivo creen que los populares se han quedado «descolocados» con la irrupción del debate sobre vivienda y que no han sabido reaccionar. «Su voto en contra es la prueba», dicen. Además, este asunto, siendo una competencia transferida a las comunidades autónomas, sirve de acicate para recuperar una estrategia habitual de Moncloa, la de confrontar modelos de gestión y ejercer de oposición a los gobiernos autonómicos del PP.
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