La candidatura de Irene Montero a las elecciones generales de 2027 ya es una realidad. La exministra de Igualdad ha formalizado su paso al frente en Podemos anunciando que se someterá a un proceso de primarias abiertas a «toda la gente que quiera participar o presentarse» y desplegando una batería de promesas económicas basada en fijar un salario de 1.800 euros al mes y una drástica reducción del tiempo de trabajo a 30 horas semanales.El acto de la formación morada, convocado bajo el lema ‘Paz, casa y trabajo’ para sintetizar lo que sus dirigentes definen como la defensa de «lo básico», arrancó con una escenografía calculada para invocar los años de mayor empuje del partido y disimular su actual pérdida de influencia. Al clásico grito de «¡Sí se puede!» y entre los aplausos de los presentes en la sala, Ione Belarra e Irene Montero hicieron su entrada triunfal en el auditorio. Podemos, que ya en su asamblea general de 2025 había situado a la actual eurodiputada como su referente indiscutible para la Presidencia del Gobierno sin subordinación al PSOE, escenificó este sábado un cierre de filas en torno a su figura.La encargada de allanar el terreno fue la secretaria general y la candidata para la Comunidad de Madrid para las próximas elecciones autonómicas de mayo de 2027, Ione Belarra, quien recurrió a un discurso combativo en el que no dudó en aludir a la reciente crisis migratoria de Ceuta para justificar el retroceso de su espacio. «Hemos perdido terreno por el antirracismo con la crisis de Ceuta», admitió ante los suyos, antes de trazar un vínculo entre el debate fronterizo y la memoria histórica: «Somos un país de exiliados al que incluso a sus nietos le quieren quitar el voto. Somos un país de migrantes».A partir de ahí, la intervención de Belarra se transformó en un alegato volcado en ensalzar a la candidata. «Hoy Irene da un paso adelante. Ella no se vende», proclamó la líder del partido, que llenó de elogios a la eurodiputada: «Lo que le hace falta a este país es una madre luchadora y valiente al frente. No va a haber una presidenta mejor que Irene Montero».Con el auditorio encendido, Montero tomó la palabra para defender sus propuestas articulándolas en torno a un «¿por qué no?». La exministra insistió en su reclamo del sueldo de 1.800 euros y la jornada laboral de 6 horas al día y 30 semanales. Junto a estas medidas, sumó un contundente alegato antimilitarista, frontalmente opuesto a la línea de gasto en Defensa del Ejecutivo: «Qué locura querer un mundo en paz. Si se compran armas son para usarlas, no para guardarlas en un hangar».Fue al término de su discurso cuando llegó la confirmación oficial: «Por eso me voy a presentar a las próximas elecciones generales». Pese a contar ya con el aval interno otorgado en la asamblea de 2025, Montero reveló que buscará refrendar su postulación a través de unas «primarias abiertas a todo el mundo». La convocatoria, según ha anunciado, estará abierta a que cualquier ciudadano ajeno a la organización pueda votar e, incluso, formalizar su candidatura para competir directamente contra ella por el cartel electoral. «Merece la pena usar la política para que la gente viva bien. Para que tengan paz, casa y trabajo», remató, mientras por megafonía comenzaba a sonar el tema ‘Solo se vive una vez’ de las Azúcar Moreno entre gritos de «¡presidenta!» y «¡sí se puede!».Portazo a un Sumar en horas bajasEsta exhibición de fervor contrastó con la escena que se vivía, casi a la misma hora, en las filas de sus antiguos socios. Mientras Podemos coronaba a Montero en un mitin festivo, el Movimiento Sumar celebraba el primer encuentro presencial —a puerta cerrada— de este órgano tras la elección el pasado julio de su nueva dirección —la portavoz en el Congreso, Verónica Martínez Barbero, y la secretaria de Estado de Derechos Sociales, Rosa Martínez—, obligadas a pilotar la nave tras la renuncia de Yolanda Díaz a repetir como candidata.En ese cónclave fucsia, Sumar buscaba reconfigurar su espacio junto a Izquierda Unida, Más Madrid y los Comuns para tratar de consensuar un candidato en otoño, insistiendo en mantener abiertas las puertas a otras fuerzas de izquierda. Situación que Podemos rechaza al mantener su veto hacia la plataforma, dejando atrás ensayos pasados —como el hipotético tándem con Gabriel Rufián que nunca llegó a materializarse—. Montero, de momento, ha decidido emprender su carrera en solitario.
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