El retorno de María Corina Machado a Venezuela, frustrado hasta el momento en siete ocasiones, supondría un cambio político de primer orden y un impulso decisivo para la oposición democrática, vencedora en las últimas elecciones frente a un chavismo que se negó a reconocer su derrota. Machado, premio Nobel de la Paz y principal referente de esa alternativa, encarna la posibilidad de culminar una transición que la caída de Nicolás Maduro, ahora preso en Nueva York, dejó incompleta. Su presencia sería además un revulsivo para una sociedad que confió en que la intervención de Donald Trump abriría definitivamente las puertas de la libertad. Tras décadas de chavismo, que han conducido al país a una profunda ruina económica, institucional y social y han empujado a millones de ciudadanos a la emigración, Venezuela necesita cerrar esa etapa. Ya no cabe interpretar la ausencia de Machado como una simple sucesión de contratiempos. ABC, a través de su corresponsal en Washington, David Alandete, ha sido testigo exclusivo de los sucesivos intentos frustrados de Machado para entrar en Venezuela. Según ‘The Wall Street Journal’, ha sido la Administración Trump la que ha impedido su regreso mientras mantiene una estrecha relación con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. El resultado político es evidente: la principal dirigente de la oposición permanece fuera mientras Rodríguez consolida un poder sustentado todavía sobre buena parte de las estructuras del chavismo. La captura de Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero no significó, como algunos pudieron esperar, el final del sistema chavista. Alteró radicalmente su equilibrio de poder, pero buena parte de sus estructuras permanecen en pie bajo la presidencia encargada de Delcy Rodríguez. Trump parece haber llegado a la conclusión de que sus intereses estratégicos, energéticos y de seguridad están mejor protegidos por un Gobierno venezolano debilitado y dependiente que por una transición democrática cuyo desenlace no podría controlar. Sería una grave equivocación. La estabilidad de Venezuela no puede descansar indefinidamente sobre la supervivencia tutelada de las estructuras que provocaron su desastre.La cuestión adquiere mayor relevancia ante la concepción de las relaciones internacionales que Trump ha vuelto a exhibir ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Washington no oculta la primacía que concede al poder militar y a sus intereses nacionales. Pero una cosa es defender legítimamente esos intereses y otra sacrificar los principios democráticos que durante décadas sustentaron el liderazgo de Estados Unidos. Venezuela se está convirtiendo en una prueba especialmente incómoda de esa contradicción.Machado no puede regresar a su país como una proscrita. Debe hacerlo con plenas garantías para participar en la reconstrucción democrática y representar a los millones de venezolanos que reclaman libertad política. Corresponderá después exclusivamente a los ciudadanos decidir quién debe gobernarlos mediante unas elecciones libres, verificables y con todas las garantías. Impedir que la principal dirigente opositora participe en ese proceso desnaturalizaría cualquier transición digna de ese nombre.Tampoco Europa puede permanecer al margen. Algunos de los intentos de regreso de Machado han pasado por Aruba y Curazao, territorios vinculados al Reino de los Países Bajos. Sus autoridades deberían aclarar qué obstáculos frustraron esos desplazamientos y qué responsabilidad tuvieron en ellos. No es compatible proclamar el apoyo a la democracia venezolana y aceptar pasivamente que la líder de la oposición encuentre cerradas las vías de regreso. Trump puede obtener ventajas inmediatas de una Venezuela controlada por un Gobierno dependiente de Washington. Pero confundir control con estabilidad sería un error. La única normalidad posible pasa por desmontar la legalidad autoritaria y celebrar elecciones democráticas. El regreso de María Corina Machado constituye hoy una prueba decisiva. Estados Unidos debe elegir entre administrar los restos del chavismo o contribuir a que sean los venezolanos quienes recuperen, de una vez, su soberanía y su libertad.
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