No había olvidado la universidad a los jóvenes que durante el año la frecuentan cuando éstos comenzaron a regresar a sus aulas, tras un verano sofocante, minutos antes de las 9 de la mañana del primer lunes de septiembre. Parecían sus andares confiados, pero en los ojos de quienes pisaban por primera vez la Universidad Carlos III de Madrid asomaba el desconcierto de los nuevos comienzos. Lo habitual en quienes se adentran en una institución que promete ser, si no un alimento para el intelecto, al menos uno para la experiencia social. Por añadidura, se topaban los alumnos con medios de comunicación dispuestos a la entrada del campus de Getafe y con un dispositivo de seguridad poco habitual para las anuales jornadas de bienvenida. Todos conocían allí, pues era difícil ocultarlo y en ningún momento se pretendió, que la noticia se encontraría esta mañana en sus pasillos, en sus aulas. Que Leonor de Borbón y Ortiz, en definitiva, compartiría con ellos pupitre. La Princesa de España y futura Reina del país, era una de esas jóvenes que esta mañana franqueaban las puertas de un nuevo comienzo.Entraba, ante la atención de decenas de congregados, entre alumnos, profesores y prensa. Los había que miraban también desde las ventanas de los despachos. Sencilla, con camisa blanca y pantalón vaquero, bolso negro y pelo recogido en una trenza. Con expresión serena ha saludado al rector, Ángel Arias, a la vicerrectora de estudiantes y al decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.Mantener la normalidad de todo inicio de curso era la pretensión de la Universidad Carlos III de Madrid, pero no es baladí tener por alumna a una Princesa y los ánimos no eran los de un día cualquiera. La normalidad no era la tónica, a las 8 de la mañana, en la calle Madrid. Rasgaba la costumbre de un día cualquiera el dispositivo de seguridad desplegado por su presencia. La rompían con sus cámaras, micrófonos y plumas los medios de comunicación congregados, que detenían alumnos en su camino a las aulas con la intención de sondear los ánimos que provocaba su presencia. Destruía también la naturalidad una marquesina con coronas de plástico en la que se publicita una empresa con un eslogan de «Bienvenida a la uni, Princesa».Del Ejército al aulaTenía algo de incógnita, la Princesa, cuando alcanzó la mayoría de edad. No era por falta de interés en su figura, sino porque, hasta entonces, sus apariciones públicas habían sido contadas, dosificadas en estrategia de la Casa Real. Pero creció después, desde el comienzo de su formación militar en 2023, la exposición pública de una ya joven adulta. Y era de sobra conocido, tras su anuncio el pasado abril, que este lunes la futura Reina de España daba comienzo una formación universitaria en el campus de Getafe de la Universidad Carlos III de Madrid. Atrás ha quedado la solemnidad castrense que los últimos tres años ha caracterizado su formación. Las maniobras militares, el buque escuela Juan Sebastián de Elcano o surcar el cielo con el Pilatus PC-21 son ya cosa del pasado, de la memoria y del aprendizaje. Sobre si echará o no en falta la vida como soldado no se ha pronunciado Leonor esta mañana porque hoy cargaba sobre sus hombros el peso de ser la futura Reina de España, pero también la ligereza de quien se adentra, como cualquier veinteañero, en cuatro años repletos de primeras veces. Así quería hacerla sentir la universidad, convertirla en una alumna más, sin discursos institucionales y formalidades aparte.Sí habló sobre la continuidad de su formación en junio, durante la ceremonia de entrega de la medalla de oro de la Región de Murcia en el Palacio de San Esteban, donde demostró en palabras su entusiasmo por esta nueva etapa y dijo no ser ya «la misma persona que llegó a Zaragoza a mediados de agosto de 2023». Porque el tiempo pasa para todos y pese a todos y hoy, pasa el tiempo para una princesa que ahora es, también, una universitaria
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