Lezama Lima llegó a convertirse en un escritor y un animador cultural de referencia en Cuba y en todo el ámbito de nuestra lengua. Ahora que estamos a punto de conmemorar los 100 años del acto fundacional de la Generación del 27 , Lezama fue el 27 de la otra orilla, el gongorino capaz de dar a Góngora una dimensión transcendente, como hizo Sor Juana, el barroco cuyo uso de la metáfora no fue meramente formal, ni desembocó en la pesadilla surrealista sino en lo metafísico y en lo hermético, en lo religioso y un sistema estético que encerraba una compleja y fascinante visión del mundo. Para Lezama la imagen era el terreno donde la realidad manifestaba su más alta expresión, pero en verdad lo que él quiso hacer es un mundo a la medida de la poesía, inventar el sistema poético del mundo, su nueva sintaxis. Pero, ¿quién fue Lezama? ¿Es Lezama el creador a través del cual explicar la Cuba de su tiempo? A esas preguntas ha tratado de responder Ernesto Hernández Busto al escribir la más completa y documentada biografía que tenemos del escritor cubano. Concebida y organizada en tres volúmenes, en las librerías se encuentran ya dos de ellos: ‘ Años de formación (1910-1939) ‘, donde se analizan aspectos genealógicos y de linaje junto a la idea de la «invención de Cuba» como país, la infancia marcada por la enfermedad, la muerte del padre, el hecho de ser hijo único (como lo fue Borges), el papel de Baldomera, la nodriza española, sus primeros pasos como escritor y la relación con figuras del exilio como María Zambrano . Y, junto a este, el segundo volumen que acaba de aparecer hace unos meses con el título ‘Años de fundación (1939-1959)’. Todos ellos publicados por Pre-Textos. Para Hernández Busto la literatura biográfica es un crisol de psicología, documentación, y sobre todo, el diálogo entre lo individual y lo histórico.José Lezama Lima con su madre y hermanas en la sala de Trocadero 162En estos veinte años que se retratan en ‘Años de fundación’, Lezama crea revistas, escribe gran parte de su obra poética y ensayística, comienza ‘Paradiso’ y , sobre todo, convierte la literatura en una forma de soberanía frente a la degradación política de su país. Pero son también dos décadas en las que Cuba pasa de las promesas democráticas al golpe de Estado y, finalmente, a la insurrección castrista . A ambos procesos se presta atención, quizá porque ambos forman parte de la misma vivencia: la de la historia y la de un hombre, o una generación, en esa historia. Frente al deterioro de la política y la sociedad cubanas de los 40 y 50, donde campan a sus anchas el clientelismo y la violencia, Lezama crea una trinchera estética, la de su torre de marfil, una manera de resistencia cultural. Transforma el desencanto en retiro y baluarte ético, lo que en él quiere decir que la poesía debía ser la transformadora profunda de la realidad. ‘Espuela de Plata’El primer hito de ese proyecto será ‘Espuela de Plata’, una pequeña revista, bella, impecable y extraordinaria en cuanto a los nombres que colaboran, desde Cintio Vitier a Virgilio Piñera o Gastón Baquero, a los que se unen voces del exilio español como Juan Ramón Jiménez, Manuel Altolaguirre o Concha Méndez. ‘Espuela de Plata’ lleva ya el sello de la idea que Lezama tiene de una revista: crear una comunidad y hacer un objeto cultural exigente desde el propio diseño. En el editorial del primer número contrapone «una poética de la historia» al «hormiguero de la política y el periodismo». Y, sin embargo, es Lezama quien crea su propio hormiguero a través de enfrentamientos, polémicas o huidas de los que estaban participando en el proyecto y que le acusaban de manejar la revista con mano dura, no aceptar otra cosa que su criterio e imponer una idea de la literatura demasiado escorada al hermetismo y al barroco.Ricardo Vigón y un joven Guillermo Cabrera Infante, en el solar de Zulueta donde vivía Cabrera, en 1950 Germán Puig, col. particular Esas sombras lo acompañarán siempre y el relato pormenorizado de todas ellas es una de las virtudes del trabajo de Hernández Busto. Después de ‘Espuela de Plata’ aparecerá ‘Nadie Parecía’ y, en 1944, ‘Orígenes’, con el apoyo económico de Julio Rodríguez Feo hasta su ruptura en 1959 por una publicación de Juan Ramón Jiménez inadmisible para él. ‘Orígenes’ abogaba por la alta cultura, por la imaginación, por la autonomía de la poesía como forma de reacción y como fuerza capaz de enfrentarse, de tomar distancia con las formas literarias de entretenimiento de masas, por la transcendencia. Alardeaba de su independencia frente a la política cultural del Estado y constituyó un acontecimiento que marcará el siglo XX de la literatura cubana y, en realidad, de todo el idioma. Lezama ejercía en ella su autoridad hasta límites a veces impropios, imponía su dogma, un control psicológico severo y un paternalismo absorbente que no admitía deslealtades. Según analiza Hernández Busto, Lezama era el Sumo Pontífice de una religión cuyo credo empezaba y terminaba en él mismo. Un Lezama complejoDesmonta, por tanto, el mito de un Lezama bonachón y sabio que se balanceaba en su mecedora de la casa humilde y angosta de Trocadero para ofrecernos a un ser humano complejo, contradictorio y preso de una psicología neurótica. Para él, Lezama era alguien confinado en su cuerpo, en su asma, sedentario por el terror que le producía ser víctima de un fallo respiratorio lejos de su médico. Se le retrata como un Edipo insular, con una dependencia absoluta de su madre, Rosa Lima, como un ser vulnerable y obsesivo. Sus discrepancias con Rodríguez Feo o Jorge Mañach no los vivía como desencuentros intelectuales, sino como complots y traiciones afectivas. No es extraño, por eso, que cultivara el resentimiento, la distancia y la expulsión. Los largos monólogos de la casa de Trocadero no podían se interrumpidos sin que desataran su ira. Para Hernández Busto, Lezama era un ser excesivo, de tal manera que lo barroco forma parte natural de su personalidad Lezama no tenía compañeros de viaje, sino discípulos, oficiantes para su culto personal y el de sus ideas. La polémica con Virgilio Piñera, acusado de existencialista y realista, es significativa de esta atmósfera de sumisión absoluta, del hartazgo que empezaba a manifestarse. García Vega, Parajón, Eloísa Lezama, Rosa Lima, Lezama y Orbón, hacia 1952 Archivo JLL BNJM Para Hernández Busto, Lezama era un ser excesivo, de tal manera que lo barroco forma parte natural de su personalidad. De conversación caudalosa, de erudición extrema, hizo del asma aquello que el verso debía superar mediante una «hiperventilación verbal», como hizo de la homosexualidad no algo íntimo y personal, sino un elemento de cohesión comunitaria. Su escritura en estos años no dejó de crecer, de engrandecerse hasta crear un sistema, un mundo, también con consecuencias políticas. Cuando en 1957 publicó ‘La expresión americana’ estaba interviniendo intelectualmente en la cultura del continente y presentando el barroco como una forma de «contraconquista». En cualquier caso, en el momento en que Cuba se descomponía, él acudía a fundar una legitimidad cultural americana, apropiándose de las formas heredadas y sometiéndolas a una transformación. Insustituible’Años de formación’ tiene sus puntos de vista polémicos y una manera muy concreta de entender una biografía, pero es un libro insustituible hoy por hoy para entender a Lezama. Es cierto que cuenta dos historias que tal vez sean inseparables: la de un escritor que construye un reino verbal revolucionario, el reino gobernado por la poesía, y la de un país que agoniza. Se trata pues de abarcar la experiencia personal y la experiencia nacional, de unir biografía personal y biografía de la historia. Todo en Lezama deviene desafiante y extraordinario, bulímico, fuera de lo común, incluso el hecho de cómo escribir desde la máxima ambición.Lezama por Berstein, 1958 Archivo JLL BNJM El relato de esa ambición es lo que nos vamos a encontrar aquí. Un relato emocionante fundado por una serie de paradojas: escribir la biografía de un hombre que fue un creador absoluto; y que haciendo de lo literario su afán principal, lo trasciende y es capaz de explicar las circunstancias históricas en las que vivió y el cambio político profundo que ya se anuncia. Un cambio hacia el castrismo que afectará no solo a su país sino a todo su tiempo, y que a él lo expulsará a los márgenes, como veremos en el tercer volumen.
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