Ya sabemos que Moncloa no se equivoca nunca. Es solo que se ha encontrado con mil formas en las que la cosa no funciona. El comienzo de curso trae al menos otro par de oportunidades para demostrar que la experiencia de gobierno no es más que una cadena de errores. La normativa sobre los centros de datos en España y la venta de Deoleo, gigante aceitero nacional, están a punto de desatar sendas crisis económicas y políticas de gran alcance mientras las miradas se localizan en la tragedia de Ceuta.La construcción de grandes factorías de IA en España pende de un hilo, de una disposición adicional colada en una normativa aparentemente bobalicona -son las peores-, que amenaza con la retirada de hasta 67.000 millones de euros previstos para inyectar en nuestro país hasta 2030. El caso es que el Gobierno pensó que el filón de la IA no debía ser solo para sus temidos tecno-oligarcas, que había pastel para todos incluidas sus queridas renovables. Jaleados por la ministra para la Transición Ecológica, Sara Aagesen, y el simpar «chicoparatodo» del sanchismo, el ministro para la Transformación Digital, Óscar López, y espoleados por la inefable presidenta de REE, Beatriz Corredor, a propósito de tensionar aún más la red eléctrica española, el Ejecutivo coló dos condiciones leoninas a la puesta en marcha de los centros de datos de las que ahora nadie sabe cómo escapar sin hacerle un siete a alguien. Las imposiciones sobre el consumo eléctrico establecen que cada nueva unidad de consumo eléctrico que demande un centro de datos debe traer consigo, al menos en un 80%, una nueva unidad de generación de energía renovable . Además, la medición de ese consumo se efectuará cada hora del día, para estrechar aún más la soga sobre el sector.El Gobierno se defiende repitiendo que su afán es que no se ponga en riesgo el sistema con nuevas demandas de energía y que tampoco se encarezca el precio para el usuario doméstico. Tanto lo uno como lo otro se antoja complicado teniendo en cuenta que hablamos de una industria regulada y que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, con su recién estrenado presidente, y el BOE siempre estarían ahí, a mano de Moncloa. Más parece que las huestes sanchistas hayan querido echarle otro cable a las renovables, que sufren un estancamiento del negocio con corrección de inversiones hacia otros frentes más jugosos como la Defensa .El Gobierno sopla y sorbe a la vez. Pone palos en las ruedas de los «data centers» y se hace fotos en favor de la gigafactoría europea de IA, que intenta traer a España la propia SEPI, junto a ACS, Telefónica y Santander. Llama la atención que el movimiento de aplastamiento haya cogido en el medio a Florentino Pérez, quien de un lado se retrata junto al Gobierno en este partido y de otro sufre los efectos de su normativa para construir emplazamientos para los que mantiene contratos multimillonarios nada menos que con BlackRock y Meta. Imaginamos que ahí estarán corriendo la banda Óscar López, tan dado al palco, y Carlos Ocaña, quien parece meter goles a la vez en las porterías de Florentino y del propio Gobierno. En el paquete de damnificados están también Merlin Properties, cuya acción sufre los efectos adversos, y todas las eléctricas, que confían en que sus lazos con el PNV y Junts pongan fin a esta pesadilla tras el proceso de alegaciones recién concluido.Por si fuera poco, Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España, acaba de salir desde su Banco de Basilea para alertar de que la burbuja de la IA puede explotar, porque las expectativas de rentabilidad pueden ser irreales y quedar lastradas por las severas necesidades de apalancamiento. Lo que necesitaba el sanchismo para volver a intentar frenar su candidatura al frente del BCE. Esperemos que no.La otra crisis que se nos viene encima es la del negocio aceitero. Los fondos británicos CVC y Alchemy ultiman la venta del gigante Deoleo. Italia quiere hacerse con él de la mano de Coricelli. Esta operación sí que es geoestratégica y no la de Talgo. Pedro Sánchez se prepara para convertir la guerra de ofertas en otro muro con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y sacar a pasear el escudo de la soberanía nacional. Tiene miga. Atentos, porque hay tapado. Acesur y Guillén están ahí. Y bien que harían, pero que se cuiden porque lo que pasa por las manos de Sánchez y los suyos suele terminar como el rosario de la aurora. Que pregunten a los Escribano.Por lo demás, muchos nervios entre las filas de amigos del sanchismo colocados en empresas estratégicas para acercarse obscenamente a PP y Vox y mantener la mamandurria si hay cambio de Gobierno. No colará. Bienvenidos al nuevo curso. Estamos donde estábamos.
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