«Divide y vencerás». Era lo que temía, al comienzo de la tarde de este jueves, un vecino de Benítez. Suponía ya que la concentración no haría ruido, porque entonces eran escasos los que había. Eran muchas las convocatorias, y, al principio, no alcanzaba el medio centenar de manifestantes la que emplazaba a los asistentes, a las 18.00 horas, en la carretera de Benítez, cuyo asfalto lleva a la playa de El Trampolín. Pero, de repente, creció la gente congregada, y algunos se las apañaron para franquear el control policial, alcanzar la orilla de la playa anterior a la que en principio pretendían llegar y quemar parte del asentamiento que los inmigrantes habían montado en ella. Entonces, la calma se abandonó a la tensión.Los ánimos de los ceutíes eran los mismos que en días anteriores. Indignación y rabia que se acumulan en cuerpos y mentes fatigados, aunque no abatidos. Y las miradas de los cuerpos de seguridad estaban puestas sobre este punto específico, lo delataba el gran despliegue en torno a él. Policía y Ejército desplazaban allí sus esfuerzos, que fueron necesarios para expulsar a la gente de la playa después de que algunos franquearan su control en torno a las 19.30 horas. Por la playa de Benítez, donde el asentamiento ha crecido en los últimos días, grupos echaban abajo las construcciones. «La norma de no acampar es para todos» , increpaban algunos vecinos desde la parte de arriba. Después, la Policía en carrera a disuadir; la UIP desplegada trataba de sacar a la gente del asalto en la playa en un momento en el que, al otro lado de la desaladora, los voluntarios repartían la comida de camiones que, a pesar de haber sido bloqueados en un principio por alrededor de una decena de vecinos, terminaban por llegar a través de otra carretera.Se vaciaba la playa y el mar separaba dos escenas, la de los vecinos gritando y la de los inmigrantes. « Así tienen que estar las gallinas, encerraditas , que bien están en el corral», comentaban dos jóvenes ceutíes. Todos contemplaban la misma imagen. Una tienda de campaña que se hunde, un fuego que tarda en consumir su llama. «No somos grupos ultras, somos vecinos», increpaban algunos a los medios de comunicación después de que todo sucediese. No había, a las nueve de la noche, ningún rostro cubierto para no ser mostrado, pero sí los había reticentes a ser fotografiados. Tercera manifestación consecutivaLa escena era similar a la acontecida la noche anterior, pero unos metros antes. Una de día, otra de noche. La de este jueves ha sido la tercera manifestación consecutiva, la segunda en terminar en asalto. En ella había jóvenes, adultos y también ancianos. Incluso se veía algún niño. Cuando eran solo decenas, charlaban con la Policía para negociar, en «un tira y afloja», los próximos movimientos. Porque los vecinos bloqueaban el paso de los camiones de la Cruz Roja -que era su principal objetivo- que se dirigía a la playa de El Trampolín a realizar el reparto de comida. El lugar es, sin atisbo de duda, uno de los lugares que más tensión genera en una ciudad que busca recuperar sus espacios públicos.Una mujer en la manifestación de Ceuta. Ignacio GilDurante la sentada, gritaban contra la organización, a la que tachan de mafia, mientras se aposentaban en la carretera sin intención de levantarse. Algunos optaban por seguir las indicaciones de los agentes, que pedían que se apartasen para dejarlos pasar. Otros decían que no, que, aunque respetaban el trabajo de la Policía, ellos allí se quedaban. «Que se den la vuelta, un caballa nunca se rinde» . En los camiones, los voluntarios se cruzaban de brazos hasta que las furgonetas tomaban finalmente un desvío, más largo, pero que llegaba a su destino sin enfrentar la indignación vecinal . Mientras, varias decenas de personas esperaban a unos metros, bloqueados por la Policía, que no les dejaba pasar: «Nos han invadido y pueden ir libremente por todos los sitios, y nosotros no podemos hacer nada. A los de la propia ciudad no nos dejáis que nos movamos».Se consumía una sombrilla de ramas en playa Benítez, aguardaba el cielo rosa, y miraban los inmigrantes a los miles de ceutíes que ponían rumbo a otro lugar entre banderas blancas y negras, amarillo y gualda. Reconocían, quienes lideraban la manifestación, no saber adónde, pero la intención era recuperar su ciudad . Se olvidaron, entonces, del «divide y vencerás».
Powered by WPeMatico