Proteger un espacio natural no consiste tan sólo en impedir determinadas actividades humanas. El Parque Nacional de Doñana es en la actualidad, un buen ejemplo de lo complicado que puede resultar mantener el equilibrio cuando unas especies aumentan mientras otras van desapareciendo. Un estudio liderado por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) ha detectado que las elevadas densidades de grandes herbívoros están dificultando seriamente la regeneración del piruétano, un pequeño árbol autóctono que podría llegar a desaparecer de la zona.
Los propios investigadores hablan de una «paradoja de conservación». Dentro del Parque Nacional existen estrictas limitaciones sobre los usos del territorio y la caza deportiva y comercial está considerada incompatible con estos espacios. Sin embargo, esa protección no está garantizando por sí sola la supervivencia del Pyrus bourgaeana. Ciervos y jabalíes comen sus frutos y plantas jóvenes, mientras la sequía y el descenso de las aguas subterráneas terminan de complicar una situación que lleva décadas deteriorándose.
Ciervos y jabalíes dificultan la regeneración de este árbol en Doñana
El trabajo, publicado en la revista científica Biological Conservation, siguió durante dos décadas cinco poblaciones de piruétano en Doñana. Dos de ellas, Reserva y Matasgordas, se encuentran dentro del Parque Nacional, mientras que las restantes están en Rocina, Hato Ratón e Hinojos. Durante ese periodo los científicos registraron más de 350 plántulas, es decir, árboles en su primera fase después de germinar. Su supervivencia resultó muy baja en todas las poblaciones estudiadas, aunque las razones no eran las mismas dentro y fuera del parque.
En el interior, el principal problema fue la herbivoría. Fuera del espacio protegido tuvieron más peso la desecación y las labores agrícolas. Los investigadores localizaron además cerca de 2.540 brinzales, una fase posterior del crecimiento, y comprobaron que los mayores daños provocados por ramoneo y pisoteo aparecían en las poblaciones interiores y en Hinojos.
«Aunque los parques nacionales y otras áreas protegidas se establecen normalmente para preservar la biodiversidad, sus prácticas de gestión pueden generar, inadvertidamente, efectos contrastados en diferentes componentes del ecosistema», explica José María Fedriani, investigador de la EBD-CSIC y responsable del estudio.
Una protección que no beneficia por igual a todas las especies
La Ley de Parques Nacionales establece que la caza deportiva y comercial es incompatible con estos espacios. Eso no quiere decir que ciervos, jabalíes u otros animales no puedan ser controlados cuando existe un problema de conservación. La propia norma permite a la Administración gestora programar actuaciones de control de poblaciones y restauración de hábitats. Precisamente ahí aparece el problema que describe la investigación. El estudio señala que las densidades de herbívoros han aumentado y que esa presión está teniendo consecuencias sobre el piruétano.
Ciervos y jabalíes no se limitan a dañar los ejemplares jóvenes. También consumen frutos y semillas que podrían originar nuevos árboles. Al mismo tiempo, otros animales cumplen la función contraria. Mamíferos como zorros y tejones pueden alimentarse de los frutos y dispersar después las semillas a cierta distancia, facilitando la expansión de la especie. Pero cuando aumenta la presión de los animales que comen las plantas jóvenes y disminuye la ayuda de aquellos que dispersan sus semillas, la regeneración se vuelve mucho más complicada.
El agua también amenaza a los piruétanos de Doñana
Los ungulados sin embargo son sólo una parte del problema. La investigación señala también la sobreexplotación de los acuíferos y las sequías prolongadas como factores que están llevando a este pequeño árbol hacia una posible extinción local. El caso de Matasgordas resulta especialmente preocupante. Allí, más del 60% de los individuos reproductores murieron durante las dos décadas analizadas. Los investigadores relacionan esta mortalidad con la fuerte caída de las aguas subterráneas registrada en la zona norte del Parque Nacional, donde las extracciones de agua se suman a unas condiciones climáticas cada vez más difíciles.
El problema, por tanto, no puede reducirse únicamente a la presencia de ciervos y jabalíes. El piruétano se enfrenta simultáneamente a dificultades para producir una nueva generación de árboles y a condiciones ambientales que están afectando a los ejemplares adultos.
Los científicos reclaman controlar las poblaciones de ungulados
Las conclusiones del estudio no plantean abandonar la protección de Doñana, sino intervenir de forma más activa. Entre las medidas propuestas figura controlar las altas densidades de ungulados o recuperar el equilibrio entre depredadores y presas. Y no sólo eso, los investigadores también consideran necesario conservar poblaciones sanas de animales dispersores de semillas, garantizar un uso sostenible de las aguas subterráneas y realizar un seguimiento demográfico y genético de los piruétanos.
La situación ha llevado incluso a cuestionar la clasificación actual de la especie. El piruétano figura como de «Preocupación Menor» en la Lista Roja de la UICN, pero Fedriani considera que los resultados obtenidos en Doñana y las observaciones realizadas en otros lugares sugieren que esa categoría podría estar infravalorando su vulnerabilidad.
El caso deja una conclusión menos sencilla que limitarse a proteger un territorio y esperar. En Doñana, mantener el piruétano pasa también por actuar sobre las especies que están impidiendo su regeneración. La investigación advierte precisamente de eso: una estrategia basada únicamente en la protección legal difícilmente garantizará por sí sola la supervivencia de este árbol a largo plazo.
Powered by WPeMatico