En las últimas horas se ha extendido el rumor en los pasillos del poder institucional y socialista de que Margarita Robles iba a «dimitir este fin de semana». Que la presión sobre la ministra de Defensa por parte de sus compañeros, que han cargado tintas sobre ella a cuentas de si hubo aviso o no hubo aviso por parte de inteligencia respecto al asalto a Ceuta, iba a dar sus frutos. Pero todo se quedará en eso, en rumores sin fundamento o, más bien, en «ilusiones que no se van a cumplir», dicen en su entorno, que lo zanjan todo con un «ellos sabrán». En Defensa tachan de «bobadas» esas habladurías y se reafirman en que la ministra «va a seguir en su puesto de trabajo». Además, las críticas quedan en el debate público; nadie se ha dirigido a ella en privado para reprocharle nada, según esas mismas fuentes.Esa hostilidad contra una compañera de partido, que además de ministra de Defensa, pese a no ser afiliada, fue portavoz del grupo parlamentario en el Congreso durante dos años, contrasta con la «magnífica relación» que Robles mantiene con algunos de los ministros de Sumar, en especial con Sira Rego y Ernest Urtasun, titulares de Juventud e Infancia y de Cultura, con los que se ha creado «una relación muy especial». Es habitual que ambos, según fuentes del entorno de la ministra, vayan a almorzar a la sede del Ministerio de Defensa.Por la parte del lado de los socios minoritarios es por donde se ha sentido más respaldada en las últimas horas. De hecho, de las filas de su propio partido apenas ha recibido llamadas ni mensajes de apoyo explícito. Pocos quieren alinearse con ella mientras todos la señalan, aunque algunos sí lo hacen, aunque son minoría y en el ámbito local ceutí como el vicepresidente de la Asamblea, Melchor León, muy crítico con la gestión de Moncloa. Sobre el presidente, ninguna conversación tras todo lo ocurrido. Pero sí recuerdan que «llevan diez años trabajando juntos, así que imagina…».Aunque en ciertos sectores se ve la situación como «insostenible», llegando a decir que «cualquier persona en su lugar ya habría dejado el puesto», en el entorno de Margarita Robles afirman que se están «riendo de todas estas cosas que se dicen». Tal como avanzó el jueves este periódico, aunque más de medio gabinete no quiere a la titular de Defensa, en el Paseo de la Castellana 109 se bastan con que «la quiere quien debe de quererla». Se refieren a Pedro Sánchez. En el Partido Socialista y dentro del Consejo de Ministros no todos opinan lo mismo, no todos creen «que el presidente le siga queriendo». Lo cierto, sin embargo, es que sea por lealtad, por dificultad de encontrarle un recambio o por las cosas que Robles sabe —cabe tener en cuenta que en sus mano es esta el CNI— no tiene en su mente sacarla del Ejecutivo. O como mínimo no por ahora.Los muchos detractores de Margarita Robles, algunos de los cuales se sientan junto a ella en la mesa cada martes, también creen, como su entono más cercano, que «a estas alturas ya no va a dimitir». «Si no lo ha hecho ahora, no lo va a hacer», sostiene otro ministro con mucho peso en el núcleo duro de Presidencia. La opción de que Sánchez la cese ahora, como respuesta a las múltiples «deslealtades» que en opinión de varios dirigentes ha encadenado a lo largo del mandato, y, en especial, en estos últimos días, también se descarta. Otra cosa, dicen, «es que aproveche una remodelación gubernamental», un caso en el que según distintas fuentes consultadas creen que «ahí sí podría prescindir de ella y de Fernando [Grande – Marlaska]». En las oportunidades que ha tenido hasta ahora nunca lo ha hecho. Aunque se lo han pedido por activa y por pasiva.Aunque desde su intervención del martes en el Congreso, cuando pidió disculpas, reconoció haber llegado tarde y admitió avisos en las horas previas, apenas ha vuelto a hablar del tema, el malestar con la ministra dentro del propio Ejecutivo sigue. Algunos la tachan de «oportunista», otros de «egoísta» y los más duros de «mala persona». Todos estos calificativos los dicen sus propios compañeros de gabinete, con los que tiene que hablar a diario y con los que tiene que acordar la gobernabilidad del país. El Ministerio de Defensa es clave en la recuperación de la normalidad en Ceuta, ya que sus hombres son una pieza imprescindible en el refuerzo de la seguridad ciudadana. El martes todos se tendrán que volver a ver las caras en la reunión semanal del Consejo de Ministros, en un inicio de curso muy tenso para una coalición que parece estar quemando los cartuchos finales.La semana que viene también será clave para el futuro político de la ministra lo que diga o calle Pedro Sánchez durante su comparecencia en el Congreso de los Diputados. Hasta ahora el presidente ha guardado silencio, en parte porque estaba de vacaciones completamente aislado, respecto al sonoro choque entre ministerios que ha evidenciado la batalla campal que hay dentro del Consejo de Ministros. Pero el jueves, cuando comparezca en el Congreso, tendrá que avalar las tesis de Robles de que los servicios de inteligencia sí hicieron su trabajo y lanzaron algún tipo de aviso o la versión de Marlaska de que nadie les informó de lo que podía ocurrir los días 30 y 31 de julio. Ángel Víctor Torres, que actúa como autoridad funcional, pero del que depende el delegado del Gobierno —cuyo futuro judicial podría ser muy negro si se demuestra que tuvo avisos— y Félix Bolaños, que tiene una guerra abierta con la titular de Defensa por el control del CNI, respaldan a Marlaska. Pero eso no es síntoma de nada. Es lo que viene ocurriendo desde hace mucho tiempo con una Robles «cada vez más sola y apartada».A la ministra, tal como recordó este viernes en ‘Espejo Público’ (Antena 3 TV) el vicepresidente socialista de la Asamblea de Ceuta, le avala que siempre ha mantenido la misma versión desde el día del asalto. A diferencia de Marlaska y de algunos de sus compañeros, no ha cambiado ni un ápice las palabras que ha utilizado. El titular de Interior, sin embargo, sí que ha cambiado de postura en distintas ocasiones sobre lo que ocurrió y el número de personas que entraron o salieron. Robles tampoco ha modificado su posición respecto a las presuntas responsabilidades de Marruecos en lo que pasó, algo que no comparte Marlaska, que defiende la «colaboración y cooperación» de unas autoridades marroquíes a las que medio mundo ha señalado por su inacción para facilitar que miles de personas atacasen la integridad territorial de España.
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