Durante mucho tiempo, se ha considerado que los gatos son más independientes y menos cariñosos que los perros, pero cada vez existen más indicios de que su relación con los humanos es mucho más estrecha de lo que se creía. Etólogos y veterinarios señalan que los gatos son capaces de percibir determinados estados emocionales de las personas con las que conviven, como la tristeza, la ansiedad o el estrés, y reaccionar en consecuencia. Para ello, prestan atención al tono de voz, los movimientos, la postura corporal y hasta determinados cambios en nuestro olor, que se producen cuando atravesamos un momento emocional complicado.
Ahora bien, esto no significa que tengan un sexto sentido para saber exactamente lo que pensamos o cómo nos sentimos, sino que han desarrollado una gran capacidad para «leer» nuestro estado emocional. Por lo tanto, la forma en la que vivimos también influye en el bienestar de los gatos, y entender esta conexión ayuda a valorar la importancia de proporcionarles un ambiente tranquilo, estable y positivo. Mantener unas rutinas adecuadas, dedicar tiempo de calidad al juego y al contacto afectivo y procurar gestionar nuestros propios niveles de estrés puede ayudar a que el gato se sienta más seguro y disfrute de una mejor calidad de vida.
La razón por la que tu gato se acurruca a ti para dormir
Los gatos son animales muy observadores y sensibles a los cambios que se producen a su alrededor, incluidas nuestras expresiones faciales, el tono de voz y el lenguaje corporal. Aunque no experimentan ni interpretan las emociones exactamente como lo hacemos los humanos, diferentes investigaciones sugieren que pueden reconocer determinadas señales asociadas a nuestro estado de ánimo y responder ante ellas de distintas formas.
Un estudio realizado por la Universidad de Oakland en 2019 señaló que los gatos pueden reconocer algunas expresiones emocionales humanas y modificar su comportamiento en función de ellas. Durante la investigación, los animales reaccionaron de manera diferente cuando sus propietarios mostraban una expresión sonriente frente a situaciones en las que mantenían una expresión neutra o mostraban enfado.
Por su parte, el experto en comportamiento felino John Bradshaw, de la Universidad de Bristol y autor del libro «Cat Sense», aclara que los gatos no interpretan las emociones humanas exactamente de la misma manera que los perros. Sin embargo, pueden aprender a relacionar determinados gestos, expresiones y tonos de voz con experiencias anteriores. Esta capacidad les permite ajustar su comportamiento dependiendo de las señales que reciben de las personas con las que conviven.
Pero, ¿cómo reaccionan los gatos a nuestras emociones? Cuando percibe tristeza o ansiedad, algunos ejemplares pueden buscar más el contacto físico, acercarse o permanecer junto a su humano durante más tiempo. Otros, en cambio, pueden mantener cierta distancia, aunque permanezcan en la misma habitación y atentos a lo que ocurre.
El estrés o el enfado también pueden cambiar el comportamiento de un gato. Estos animales son especialmente sensibles a los cambios en el ambiente y pueden percibir la tensión a través de la voz, los movimientos o la actitud de las personas. Ante una situación que consideran incómoda, algunos pueden alejarse o buscar un lugar tranquilo donde sentirse seguros.
Cómo reaccionan
Cuando sus dueños están felices y muestran una actitud positiva, los gatos pueden mostrarse más activos y receptivos a la interacción. Es posible que busquen más oportunidades para jugar, se muevan con mayor energía y aumenten el contacto con sus cuidadores. Mientras, cuando están tristes, suelen buscar una mayor cercanía, y el contacto físico forma parte de esas interacciones. Pueden acercarse, subir al regazo o permanecer junto a la persona durante más tiempo.
¿Y si los dueños están estresados o ansiosos? Algunos buscan permanecer cerca, mientras que otros prefieren alejarse y refugiarse en un lugar tranquilo hasta que la situación vuelva a la normalidad. Los etólogos advierten de que los gatos pueden mostrarse más inquietos o experimentar cambios en sus rutinas habituales.
Finalmente, un estudio publicado en Frontiers in Psychology, realizado con base en 8.000 registros recopilados en tiempo real, ofrece una perspectiva más detallada sobre la relación entre los animales de compañía y el estado emocional de las personas en situaciones habituales del día a día. Los resultados mostraron que la interacción con las mascotas estaba asociada a un estado emocional más positivo en sus dueños. En aquellos momentos en los que se producía una mayor interacción, las personas declaraban experimentar más emociones positivas y menos sentimientos negativos.
«Los efectos positivos de la interacción con las mascotas en el bienestar parecen ser reales, pero no parecen deberse a que las mascotas ayuden a las personas a manejar mejor el estrés en el preciso momento en que este se produce», apunta la doctora Mayke Janssens, autora principal del estudio y profesora adjunta de psicología en la Open University. «Una interacción más intensa con el animal de compañía no proporcionó beneficios emocionales adicionales más allá de los que pueden surgir simplemente por su presencia».
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