Carles Puigdemont está preparando las maletas para volver a España. Tras la decisión del Tribunal Constitucional de amnistiar todo el ‘procés’, incluida la malversación, el margen de maniobra del Tribunal Supremo se reduce a cero. En las próximas semanas espera regresar. Y lo hará a una Cataluña que reclama otros actores políticos distintos a los de 2017. Solo el 5% de los catalanes lo prefiere hoy como presidente de la Generalitat y apenas el 39% aprueba su actuación política.Hace unos días, en una entrevista para ‘The Sunday Times’, admitió que los nueve años que lleva fugado de España están siendo un problema para mantener su conocimiento de la realidad catalana. De su electorado, principalmente. Una confesión que, sin embargo, no le empuja a renunciar, al menos de momento, a seguir la política desde la primera línea de la trinchera. Actualmente, mantiene el acta de diputado autonómico (a pesar de los pronunciamientos del Tribunal Constitucional).«Aunque hago un esfuerzo permanente por mantenerme en contacto y conocer los detalles de lo que ocurre, no respiro la realidad de allí. La Cataluña actual no es la misma que cuando me marché», dijo al periódico británico desde Waterloo (Bélgica). Así es. Cuando salió del país, el principal problema que preocupaba a los catalanes, según el Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat, era «las relaciones Cataluña-España» (39,7% de los encuestados), hoy es el «acceso a la vivienda» (28%).La Cataluña que se encontrará Puigdemont está preocupada por la vivienda, la inmigración (10%) y la inseguridad ciudadana (10%), principalmente, problemáticas menores en 2017 (0,9%, 0,4% y 0,2%, respectivamente). El eje del choque frontal Cataluña-España se ha reducido (2%) progresivamente, sobre todo, desde la derrota del ‘procés’, tras las palabras del Rey a los españoles (3 de octubre), y la salida de Puigdemont, convirtiéndose poco después en un prófugo de la Justicia española. El Estado de derecho se impuso. La realidad afloró.Pero el presidente de Junts tendrá que «sumergirse en la Cataluña de hoy», utilizando sus palabras, empezando por el electorado independentista y, especialmente, tratando de frenar la fuga de votos que se va a Aliança Catalana, cuyas proyecciones dan al partido de Sílvia Orriols por encima de Junts en el Parlament. Orriols tiene dos puntos más que Puigdemont en el «índice de aprobación» (41%) y solo un punto más en el «índice de rechazo absoluto» (27%). Tendrá que dejar a un lado la épica.La Cataluña que se encontrará está preocupada por la vivienda (28%), la inmigración (10%) y la inseguridad ciudadana (10%), temas menores en 2017 (0,9%, 0,4% y 0,2%, respectivamente)Incluso los votantes de Junts ya no están en el choque frontal contra España, ni ven la independencia como su principal problema, si alguna vez lo fue. El acceso a la vivienda (20%), la insatisfacción con la política (11%) y la inseguridad ciudadana (9%) copan sus preocupaciones. Las «relaciones Cataluña-España» son un problema para el 6% y la «crisis de identidad catalana» para otro 6%. Unos equilibrios de estos ‘dolores de cabeza’ que, con pequeñas variaciones, son transversales.Así, el Puigdemont de 2026 llegará a una Cataluña con el apoyo a la independencia por debajo del 50%, concretamente, del 45%, que a pesar de que con la llegada de Salvador Illa a la Generalitat, en 2024, ha repuntado varios puntos no llega al 49% de apoyo de 2017. Cuando se fue, el sí superaba en seis puntos al no (49/43), ahora está por debajo seis puntos (45/51). Y el Parlament es, por primera vez, una Cámara claramente de mayoría no independentista. PSC, PP y Vox suman 68 escaños. Justo.En esta línea, ahora hay más ciudadanos a favor de que Cataluña sea «una comunidad autónoma» (30%) o «una región» (7%) que cuando Puigdemont se instaló en Bélgica: 27,4% y 4,6%, respectivamente. Y los partidarios de «un Estado independiente» (en una pregunta de múltiples alternativas sobre el modelo de relación España-Cataluña) ha perdido 3,8 puntos: del 40,2 al 36%. Se mantiene fijo el grupo de partidarios de «un Estado dentro de una España federal» (del 22 al 21,9%), sea esto lo que signifique, que no sabe.La distancia de las dos Cataluñas, de 2017 a 2026, también la verá reflejada en el Parlament. Dejó una Cámara autonómica con 62 escaños de Junts pel Sí (CDC y ERC), seguido de Ciudadanos, con 25 diputados y un PSC (ahora en el Govern catalán) en horas bajas: 16 escaños. Los independentistas sumaban 72 diputados. Ahora, frente a la mayoría no secesionista ya citada (PSC, PP, Vox), Puigdemont liderará un grupo de 35 diputados, en la oposición, y en fricción con ERC (ahora 20 escaños), la CUP (4) y, sobre todo, Aliança Catalana (2).También hay una desmovilización ciudadana general. No solo el ‘procés’ forma parte del olvido para los independentistas sino que las elecciones autonómicas han vuelto a cifras más bajas que las de la época de Jordi Pujol. Las elecciones del 21 de diciembre de 2017, con Puigdemont en Bélgica, registraron una participación histórica del 79,1%, superando los datos de dos años antes (cita con las urnas que se planteó como un plebiscito): 74,9%. Las dos elecciones más movilizadoras. En 2024 participó el 54,8% del censo. Y en 2021 (en pandemia), el 51,3%.39% Es el índice de aprobación de sus políticas, casi veinte puntos menos que cuando se fue de España en 2017De la misma manera, la Cataluña actual no es demográficamente la misma que hace nueve años. La comunidad tenía 7,55 millones de habitantes en 2017 y ahora supera ya los 8,21 millones: casi 700.000 residentes nuevos en menos de una década. Este crecimiento podría explicar, además, el cambio de preferencias a la hora de nombrar los principales problemas: la vivienda, los servicios públicos, la inmigración o la seguridad, que han ganado espacio en la conversación política y mediática.En definitiva, Puigdemont se marchó de una Cataluña excepcionalmente movilizada por el ‘procés’ y su pulso al Estado de derecho. Regresará a otra región más poblada, con una distribución de partidos en el Parlament totalmente distinta y una agenda política, mediática y, sobre todo, ciudadana totalmente alejada de la territorial. El escenario donde cimentó su liderazgo, que luego regó de épica en Waterloo, ya no existe. Está por ver qué queda de aquel Puigdemont que pueda sobrevivir en esta Cataluña.
Powered by WPeMatico