El Gobierno de Pedro Sánchez ha vuelto a señalarse a sí mismo en la reunión de ministros europeos del Interior, al ser el único que se ha negado a aprobar el nuevo reglamento de expulsiones que prevé la construcción de centros de deportación en países terceros. Por razones que no son fáciles de entender, el ejecutivo socialista ha querido que se vuelva a ver que está completamente aislado ante una corriente general que atraviesa todo el espectro político europeo y que intenta aportar un poco de control en el fenómeno de la inmigración. Y eso a pesar de que la posición disidente del ministro Fernando Grande-Marlaska no tiene ninguna influencia, porque la propuesta ha sido aprobada por el resto por una aplastante mayoría cualificada. A pesar de la avalancha sufrida por la ciudad de Ceuta, en la reunión de ministros del Interior en Luxemburgo, Marlaska ha votado no al nuevo reglamento para acelerar las expulsiones de migrantes que se encuentran en situación irreguilar, que como gran novedad da cobertura legal a los centros de deportación en países extracomunitarios, en caso de que algún país decida crearlos.Algunos de los gobiernos pensaban que Pedro Sánchez habría cambiado de posición respecto a la política migratoria y entre ellos no se ha disimulado su estupor ante una postura política que le condena a una posición muy incómoda en la UE. Solo Bélgica se ha abstenido porque Dinamarca e Irlanda tienen condiciones especiales en esta materia por distintas razones. El resto de los gobiernos sin excepción han votado a favor de reforzar las herramientas legales para devolver a sus países cuanto antes a las personas que se encuentran ilegalmente en Europa y a las que se les ha denegado la protección internacional.Nuestra redacción está trabajando para ampliar la información
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