La sangre todavía marca las calles de Puente de Vallecas . Gotas de distintos tamaños salpican el asfalto y dibujan un recorrido irregular de, al menos, 270 metros: desde las inmediaciones de las calles de Puerto Alto y Ramón Calabuig, donde culminó la reyerta , suben por Sierra de la Estrella y continúan por Cachero, hasta que desaparecen a la altura del número 16 de la calle de Juana Elorza. Por el camino, las pequeñas manchas se interrumpen y vuelven a aparecer de manera intermitente, dejando sobre el suelo las huellas del recorrido que supuestamente hizo la mujer que falleció tras el conflicto. Algunos puntos apenas son perceptibles sobre el color oscuro del asfalto, en otros, se concentran en hileras o charcos que indican la gravedad de lo ocurrido. El lunes, sin embargo, el barrio ha vuelto a su rutina. Los vecinos bajan a la compra, los comercios abren y los coches circulan con normalidad por las mismas calles en las que unas horas antes varias personas corrían insultándose y tirándose objetos, según testigos de lo sucedido. Una aparente estabilidad que solo se interrumpe por los corrillos de los residentes que comentan sobre lo ocurrido, mientras observan las manchas del suelo. La mayoría se han enterado por las noticias, pocos fueron testigos de la pelea. Algunos escucharon los gritos y se asomaron a las ventanas. Otros ni siquiera lo hicieron. No porque no escucharan el bullicio, sino porque, según explican, están acostumbrados a que las discusiones, los gritos y las carreras formen parte del paisaje cotidiano. Una mujer de 60 años murió después de recibir una puñalada en el pulmón durante una reyerta que culminó alrededor de las ocho de la tarde del pasado domingo. Las primeras pesquisas apuntan a una discusión entre varias mujeres, relacionada con celos, que terminó escalando hasta un enfrentamiento entre dos clanes afincados en la zona. Los sanitarios de Samur-Protección Civil movilizados hasta el lugar atendieron a una mujer de 67 años con un corte profundo en uno de los brazos. La Policía Nacional ha detenido a tres personas y la Policía Municipal a una cuarta, dos hombres y dos mujeres. El Grupo VI de la Brigada de Homicidios trata de determinar quién asestó la puñalada mortal y cuál fue la participación concreta de cada uno de los implicados.Los vecinos sitúan el inicio de la pelea en las inmediaciones del número 25 de la calle Ramón Calabuig, donde residen como supuestos okupas una de las familias protagonistas en el altercado, según Carlos, director de la empresa de desokupación encargada de vigilar a dicha familia. Desde allí, según la reconstrucción realizada a partir de los testimonios recabados por ABC, el enfrentamiento habría ido ascendiendo hasta la calle Sierra de la Estrella en su unión con la calle de Puerto Alto, que es en donde se habría producido el supuesto apuñalamiento. La mujer de 67 años que resultó herida en un brazo se habría quedado en las inmediaciones, mientras que la víctima mortal habría continuado desplazándose herida por las calles del barrio hasta desplazarse en un coche particular hasta el hospital. Una vecina del edificio situado junto al lugar del enfrentamiento se encontraba en casa cuando escuchó los primeros gritos. «Estaba todo tranquilo y, de repente, escuché gritos», relata la mujer. Al asomarse, vio a un grupo de unas diez personas que corrían calle arriba mientras se insultaban y se lanzaban objetos. Entre ellas había una mujer que se apoyó contra la pared de su edificio. «Gritaba aterrada con una herida en el brazo», recuerda la residente del inmueble. Pudo observar entonces como algunos de los que huían regresaban para ayudar a la mujer herida. La vecina, como la mayoría de los residentes de la zona consultados, no vio cómo comenzó ni cómo terminó la agresión.Imagen del rastro de sangre presente en el inicio de la calle Sierra de la Estrella, Puente de Vallecas. José Ramón LadraOtros vecinos ni siquiera prestaron atención al bullicio que llegaba de la calle, un comportamiento que sirve como descripción del barrio. Una vecina de la calle Sierra de la Estrella que lleva 17 años viviendo allí, asegura que los gritos forman parte de una rutina que ha terminado por normalizarse. «La gente en este barrio parece que se comunica a gritos y, como hay muchas peleas, pues pasa gente corriendo muchas veces», explica. Ayer volvió a escuchar jaleo, mientras cenaba con su hija de tres años, pero decidió no salir al balcón. «Parece que la cosa va a peor con los años, ya no me llama la atención este tipo de sucesos», cuenta. La mujer, que prefiere mantenerse en el anonimato, reconoce que opta por no hacer vida en el barrio. «La convivencia aquí es compleja, vivimos personas con estilos de vida muy diferentes y es muy complicado», resume.Otra residente de la misma calle, que también prefiere no dar su nombre, coincide en que las peleas son frecuentes y asegura que por ese motivo tampoco se asomó a comprobar qué estaba ocurriendo. «Escuché mucho jaleo, pero es que cada dos por tres hay peleas, entonces tampoco me asomo», explica. En un bar situado cerca del bajo en donde los vecinos sitúan el comienzo de la reyerta, la reacción fue similar. «Mira tú que estamos aquí al lado, pero no nos enteramos de nada», cuenta el dueño del local. Sí vieron pasar a varios coches patrulla, pero tampoco le dieron importancia, según explican a este periódico. «Parece que la cosa va a peor con los años, ya no me llama la atención este tipo de sucesos» VecinaEn las inmediaciones de Ramón Calabuig 25 aparece también otra de las incógnitas sobre el origen de la pelea. Carlos, director de la empresa Commanders Desokupa, asegura conocer la vivienda y a sus actuales moradores. Según explica, se trata de un inmueble que llevaba un tiempo vacío y que, de acuerdo con su versión, fue usurpado a finales de junio por una familia. «Llevan ya unos meses viviendo un señor con su pareja, su hija de unos 30 años y sus dos hijas, una mayor de edad y otra menor de edad», afirma. Carlos asegura que su empresa comenzó a tener conocimiento de la situación a principios de julio y que ha hablado con ellos. «Me sorprende porque no son malas personas. Yo hablo a menudo con los vecinos y no dicen que sean conflictivos ni nada», sostiene.Sobre el posible origen de la disputa, Carlos apunta a una versión que circula entre los residentes, aunque reconoce que no puede confirmarla: «Los vecinos sí que hablan de un tema de infidelidad o algo así, pero yo no puedo confirmar nada». Lázaro, vecino del barrio de toda la vida, habla de la situación desde otro punto de vista. Asegura que la zona ha empeorado y menciona robos, drogas y peleas frecuentes. La noche anterior, cuenta, le robaron el contador del agua. «Está el barrio últimamente que da vergüenza, no está seguro», afirma. Para él, el robo del contador es «el colmo» después de una sucesión de problemas que, asegura, le han terminado cansando. Su conclusión es tajante: «El barrio ya está perdido».
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