—¿Qué supone el deporte en su vida?—Aunque nunca he practicado deporte de competición, siempre he pretendido que fuera un juego, una diversión para relacionarme con amigos, incluso con desconocidos. No soy de gimnasio, eso no, pero lo veo como algo para aprender disciplina, incrementar tu capacidad de sacrificio, tu afán de superación.—Porque cuando uno tiene mil proyectos profesionales, el fútbol es una magnífica vía de escape ¿no?—Esencial para poder desconectar. Confieso que a los estadios no voy. Creo que he estado en mi vida tres veces en un campo, pero los partidos de fútbol que puedo ver en televisión sí me hacen disfrutar y sí me provocan ese placer de la desconexión de la vida diaria y del estrés cotidiano.—¿Por eso es usted del Atleti, para no estresarse?—Je, je. Pues mira: ya puestos a confesar, te diré que tengo simpatías por los equipos, dependiendo de los momentos de mi vida. Con el Atleti, he tenido ese apego, quizá más por los amigos y por algún familiar. Pero en mi infancia era del Athletic de Bilbao. Pasé una temporada que era de Logroñés, por aquello de que nací en Logroño. Llegó a estar en Primera y me hacía mucha ilusión que pudiera competir con equipos más grandes.—Y ahora ¿qué toca?—Por afinidad con la familia, del Cádiz. No tengo un equipo de mi vida como puedan tener muchos aficionados, pero reconozco que me gustan mucho los equipos peleones, que a lo mejor no tienen demasiados títulos ni copas en sus vitrinas, pero que son correosos.—¿Le preocupa poco, mucho o nada que Julián Álvarez se quiera ir al Barcelona?—Nada. Cuando empezamos a cambiar y a exhibir la billetera, deja de interesarme el personaje o el club. Y no le doy mucho mérito a un equipo sea grande porque tiene más millones para comprar a otros jugadores. Me parece que lo desvirtúa todo. Por tanto, no me preocupa nada ese futbolista .—¿Qué son 500 millones por un jugador?—Esos temas, la verdad, es que no me gustan y no los sigo nunca. No me interesa mucho cuál es la cláusula o la ficha de un jugador, entre otras cosas, porque me parece que es escandaloso y desproporcionado. Tampoco quiero juzgar a nadie. En el momento en el que entra en el negocio deja de interesarme el fútbol.—¿Le falta valentía al fútbol para denunciar y actuar contra lo que no debería tolerarse?—En momentos concretos, sí puedo echar de menos posicionamientos más claros respecto a algunas cuestiones. A nadie se le puede exigir que opine si no lo desea. Pero creo que hay momentos en los que sí que es necesario manifestar claramente de qué lado estás. En momentos críticos, mirar hacia otro lado o abstenerse de opinar contribuye a una ceremonia de la confusión que no es buena.—Recuerdo cuando Mbappé se posicionó contra la ultraderecha francesa, Unai Simón se lo afeó y ahí estaba usted para pedir compromiso.—Quizá haya que tener también en cuenta que los futbolistas de élite deben tener cuidado con lo que dicen por si pierden afectos. Aunque también creo que hay que tener la valentía por lo menos de opinar y de decir lo que se piensa, siempre pensando que puedes no tener razón. —Cuando pesan más los afectos que los principios, malo.—A menudo, el fútbol es excesivamente férreo y monolítico, muy cerrado a la hora de posicionarse en cuestiones que yo considero esenciales. —¿Por ejemplo?—La mujer, el racismo, la violencia en el propio fútbol. Los futbolistas de élite sí deberían sentirse en la obligación de mojarse en estos en estos casos.«Me vienen a la cabeza los inicios de Indurain, cuando le dijeron tú nunca podrás ser un gran ciclista porque pesas demasiado, eres muy grande»—¿Qué recuerdo relacionado con el deporte le hace feliz cuando piensa en él?—Cuando voy con mi nieta de la mano, cerca de un campo en el que hay chavales del barrio jugando al fútbol, ver ese entusiasmo, la ilusión que destilan. Y es a los partidos a los que me gusta asistir. A mí eso me hace muy feliz. El deporte de base, el deporte de barrio.—¿Deberíamos tomarnos esto del fútbol con más humor?—Es que el sentido del humor es necesario en todas las facetas de la vida. Necesitamos reírnos y si uno es capaz de encajar una derrota con sentido del humor, va a vivir mejor.—¿Qué deportista le hubiera gustado ser?Me voy a mi infancia y me veo totalmente deslumbrado por Mariano Haro, al verlo correr por el monte y escucharle con esa sencillez. Era ejemplar. Y también Induráin, cuando nos hacía vibrar a todos en casa esos veranos y con esa cantidad de triunfos, que parecía que no iba a acabar nunca su grandeza. —¿No los había más sacrificados para escoger?Es que me vienen a la cabeza los inicios de Indurain, cuando le dijeron tú nunca podrás ser un gran ciclista porque pesas demasiado, eres muy grande. Y todas esas historias épicas a mí me emocionaban. ¡Ah! Y Rafa Nadal.—¡Vaya! Tardaba en salir.—Rafa ha sido un deportista ejemplar: esa capacidad para el triunfo, para la derrota, para la lucha contra las dificultades. No le conozco, pero le he admirado mucho por ese pundonor que ha demostrado y esa honradez con la que siempre ha salido a la pista.—¿Qué me dice de la selección española de fútbol?—Son muy grandes, aúnan personas de todo tipo. Es absolutamente transversal: desde los niños hasta las personas más mayores, pasando por gente como yo, que normalmente no seguimos los partidos de fútbol de una forma regular.—Aquí somos muy de selección, pero cuando vemos claro el camino a una final—Pues cuando no está tan claro es cuando tenemos que dar la talla. No podemos empezar a insultar, a culpar y a buscar responsabilidades de una forma sangrante, cuando no entra el balón. Unirse en la victoria es fácil.—Pregúntele a Luis Enrique después del Mundial de Catar. Desde entonces, mire con el PSG.—Estamos picando tan alto que seguramente cualquier otra cosa nos va a parecer un desastre. El hecho de competir un Mundial ya es un exitazo. El deporte no son matemáticas. Hay un componente de azar. —Y eso, a menudo, decide campeonatos.—Por eso es tan emocionante, porque es imprevisible. A mí, por ejemplo, la Liga me aburre a veces porque está siempre entre dos o tres equipos y los demás parece que no tienen ninguna opción. Me gustaría una liga más abierta.—Dígame con qué futbolista compartiría una escena cómica—Haría un sketch con Lamine Yamal. —Le advierto que el crack es el hermano.—Pues ahora que lo dices…je, je. Lamine podría ser mi hijo, incluso casi mi nieto. Podría empaparme de esa juventud, de esa energía. Seguramente, si tiene ese talento para jugar así al fútbol, tendrá capacidad de respuesta y reflejos suficientes para armar un chiste o responder convenientemente a una réplica.
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