Nueve días después de la catástrofe natural que devastó la zona fronteriza entre Nepal y China causando más de 1.300 muertos y 5.600 desaparecidos, todavía hay lugar a la esperanza. Dos trabajadores atrapados desde entonces en el interior de los túneles de una central hidroeléctrica han sido liberados este viernes, un primer rescate que abre camino a muchos más. Ambos individuos se encontraban en el interior de la estación Upper Trishuli 3A, una de las muchas que acompañan el río del mismo nombre, Trishuli, cuyas aguas se convirtieron el pasado miércoles en un torrente de destrucción a consecuencia del desmoronamiento de un glaciar curso arriba. Sus identidades han sido confirmadas como Sanjay Sah, capataz, y Kabir Maharjan, supervisor mecánico. Su aparición ha sido recibida con vítores por parte de los rescatistas, antes de ser evacuados inmediatamente en helicóptero para recibir atención médica. «Kabir Maharjan, que fue rescatado en segundo lugar, se encuentra en estado crítico», ha informado la oficina del primer ministro mediante un comunicado oficial. Este fue extraído en camilla, y llegó a juntar las palmas de las manos a la altura del pecho para realizar el tradicional saludo nepalí ante las cámaras. Ambos presentan heridas en manos y piernas, «posiblemente» ocasionadas al arrastrarse por el túnel. «Normalmente éramos cinco o seis personas ahí dentro, pero en ese momento [el del desastre] había 40 o 45. Ayudé a los demás a escapar, pero perdí mi propia oportunidad», ha contado Sah en declaraciones al equipo médico del Ejército, recogidas por el medio local ‘Kathmandu Post’. «Trabajaba en la sala de control, mi responsabilidad era salvar la vida de todos». Este operario de 30 años aseguró haber pasado estos nueve días bajo tierra «rezando y recitando plegarias». A diferencia de su compañero, Maharjan no estaba destinado de forma permanente en la central, sino que había acudido esa misma mañana para realizar trabajos rutinarios de mantenimiento.Más rescatesSu supervivencia se debe a una compleja operación. Los equipos de rescate han bombeado oxígeno hacia el interior de los túneles a la vez que trataban de retirar los sedimentos que bloqueaban los accesos, recurriendo en ocasiones a explosiones controladas, para avanzar hasta un total de 60 metros.Los esfuerzos prosiguen en la estación 3A, donde las autoridades confían en poder liberar a 39 personas más, de las que creen haber recibido señales de vida. Las operaciones también se llevan a cabo en otras seis centrales, en cuyo interior permanecerían atrapados varios cientos de trabajadores.«Esperamos que cada vez más personas puedan ser rescatadas», ha asegurado el ministro de Comunicaciones, Bikram Timilsina, mediante una publicación en su cuenta oficial de Facebook. «¡Mi más sincero agradecimiento a todos los que han trabajado incansablemente, día y noche, para rescatar con vida a dos personas! Continúan los esfuerzos y las oraciones para rescatar a más supervivientes».ReconstrucciónEl curso de Trishuli está sembrado de una docena de centrales hidroeléctricas para aprovechar el descenso de las aguas desde la cordillera de las Himalayas, una fuente esencial de energía para un país de pocos recursos. Tanto es así que el desastre provocó una caída de 444 megavatios, alrededor del 10% de la capacidad total de generación del país. La vasta red de túneles subterráneos sirvió a la vez de trampa y refugio para muchos trabajadores, 900 de los cuales permanecen todavía en paradero desconocido. A la tragedia humana se suman asimismo ingentes daños materiales, valorados en 387.500 millones de rupias nepalíes (2.200 millones de euros) por Dharma Raj Upreti, responsable de la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres, de acuerdo a cálculos difundidos este viernes.El número total de damnificados se eleva a 1,6 millones de personas en un país de 30 millones de habitantes, es decir: 1 de cada 19 nepalíes. La prioridad del Gobierno pasa ahora por identificar zonas seguras de reubicación en las que construir unas 20.000 viviendas. La transparencia de estos esfuerzos contrasta con el cerrojo informativo al otro lado de la frontera. China no permite el acceso de prensa extranjera a Tíbet, y todos los datos proceden del discurso altamente delimitado que el régimen emite a través de los medios oficiales. Mientras tanto, la censura opera en redes sociales, eliminando imágenes originales del desastre y publicaciones de usuarios. Las cifras gubernamentales permanecen fijas en 21 muertos y 541 desaparecidos.
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