Septiembre tiene una particularidad que lo convierte en uno de los meses más exigentes para la economía familiar. A la vuelta al colegio se suman los gastos que cada hogar recupera tras el verano y una larga lista de compras que se concentran en apenas unas semanas. Libros, uniformes, ropa, calzado, material escolar, comedor, transporte, extraescolares… Una factura que puede resultar especialmente difícil de asumir cuando llega después de las vacaciones. «Septiembre tiene algo especialmente complicado: no llegamos a él desde un mes normal, sino desde las vacaciones», explica Íñigo Peralta, CEO de Yo Pago Menos. Durante julio y agosto, señala, es habitual relajar el control del gasto y encontrarse después con la vuelta al colegio, los recibos y las compras asociadas al nuevo curso . Según sus cálculos, equipar a un niño para volver al colegio puede rondar los 520 euros solo entre libros, ropa y material. En una familia con dos o tres hijos, añade, se trata de una cantidad importante concentrada en muy poco tiempo.Los grandes desembolsos son fáciles de identificar: libros, uniformes o ropa, calzado, material escolar, comedor, transporte y extraescolares . Pero hay otros que pueden pasar más desapercibidos y que, sumados, terminan aumentando la factura. Una agenda, una botella, una mochila nueva o material que podría reutilizarse son algunos ejemplos. «Individualmente parecen cantidades pequeñas, pero juntas hacen mucho daño al presupuesto», apunta Peralta, que compara este fenómeno con los gastos hormiga de las vacaciones: «El problema no son diez euros, sino diez euros repetidos muchas veces».Por eso, una de las claves está en no contemplar septiembre como un gasto aislado, sino como una partida anual. «Una familia puede asumir determinados gastos a lo largo de doce meses y, sin embargo, tener problemas si tiene que afrontarlos todos en quince días», explica. La solución pasa, en su opinión, por calcular aproximadamente cuánto costará el curso y reservar una cantidad cada mes. «Si calculas aproximadamente cuánto te va a costar y reservas una pequeña cantidad cada mes, septiembre deja de ser una sorpresa», señala.Antes de salir de compras, Peralta recomienda hacer inventario . «El primero [de los errores] es comprar antes de comprobar qué tenemos en casa. El segundo, pensar que empezar un curso nuevo significa estrenar todo. Y el tercero, comprar con prisas y sin comparar», enumera. Revisar qué ropa continúa sirviendo, qué material puede reutilizarse y qué productos son realmente necesarios permite acotar la lista de compras antes de empezar a gastar. Después llega la comparación de precios. «Muchas veces ahorrar no consiste en renunciar, sino en dejar de pagar de más por lo mismo», apunta.La trampa de las ofertasLa misma lógica se puede aplicar a otros gastos que acompañan al curso durante todo el año. Comedor, transporte, extraescolares , dispositivos electrónicos, seguros o determinados servicios recurrentes son, según Peralta, partidas en las que merece especialmente la pena comparar. Y septiembre puede servir también para revisar otros gastos domésticos. «A veces buscamos ahorrar diez euros en material escolar mientras llevamos meses pagando veinte o treinta euros de más todos los meses en otro recibo», advierte.Comprar con antelación puede ayudar, pero solo si existe una planificación previa. «La antelación ayuda cuando sabemos exactamente qué necesitamos», explica Peralta. El problema aparece cuando una oferta termina convirtiéndose en el motivo de una compra que no estaba prevista. Su ejemplo es muy claro: «Un descuento del 30% en algo que no necesitábamos no supone ahorrar un 30%; supone gastar el 70%». Por eso, su recomendación es anticiparse a la planificación, pero no necesariamente a todas las compras: «Primero lista cerrada de necesidades y después búsqueda de precios».La presión por estrenar también puede hacer crecer la factura . Mochila, zapatillas, ropa o material nuevo pueden convertirse en compras que no siempre responden a una necesidad real. «A veces hablamos de la presión que reciben los niños, pero somos los adultos quienes asociamos septiembre con «estrenar»», apunta Peralta. Su propuesta no pasa por eliminar por completo esa ilusión, sino por elegir dónde tiene sentido gastar. «Podemos permitir algún estreno porque también forma parte de la ilusión de empezar el curso, pero no convertir la vuelta al colegio en una renovación completa del niño», explica. «Elegir una cosa especial puede generar exactamente la misma ilusión que comprar cinco».«Ahorrar no significa necesariamente comprar peor ni privar a nuestros hijos de cosas. Significa comprar mejor» Íñigo PeraltaAdemás, reutilizar no tiene por qué trasladar a los niños la sensación de que tienen menos. «Ahorrar no significa necesariamente comprar peor ni privar a nuestros hijos de cosas. Significa comprar mejor», asegura. Intercambiar libros o uniformes, aprovechar ayudas, comparar precios y decidir en qué productos merece la pena invertir más son algunas de las opciones que plantea. Septiembre ofrece además una oportunidad para introducir a los niños en la educación financiera. Y, según Peralta, no es necesario esperar a la adolescencia. «Desde Primaria pueden empezar a entender perfectamente conceptos muy básicos», explica. No se trata de explicarles los ingresos o la hipoteca familiar, sino de enseñarles que existe un presupuesto y que las decisiones económicas tienen límites.Una de las preguntas que propone introducir en casa es sencilla: «¿Lo necesitas o lo quieres?». Diferenciar ambas cosas puede convertirse en uno de los primeros aprendizajes relacionados con el dinero . Los niños también pueden participar en las decisiones dentro de unos límites establecidos. Por ejemplo, si la familia fija 40 euros para una mochila, pueden elegir entre las opciones que se encuentren dentro de ese presupuesto. Con los mayores, se pueden comparar precios o valorar diferentes alternativas. «Es una manera práctica de enseñarles que el dinero es limitado y que elegir una cosa implica, a veces, renunciar a otra», señala.En este sentido, el experto considera que septiembre es especialmente adecuado para trabajar estos conceptos porque las decisiones económicas son visibles para los menores. «Podemos enseñarles cuánto cuestan varias mochilas, comparar precios, explicarles por qué reutilizamos algo o darles un pequeño presupuesto para material y ayudarles a administrarlo», apunta. «La educación financiera funciona mucho mejor con veinte euros reales que con una explicación teórica sobre el ahorro». Otro de los errores es calcular el coste de la vuelta al cole atendiendo únicamente a los gastos iniciales. Durante los meses siguientes llegarán excursiones, cumpleaños, reposición de material, actividades y otros desembolsos.MÁS INFORMACIÓN noticia Si Ni desinterés, falta de madurez o desobediencia: no todos los niños aprenden al mismo ritmo noticia Si De Infantil a Primaria y de Primaria a ESO: cómo afrontar los dos grandes saltos escolares noticia Si Una experta en oratoria advierte: «El miedo a hablar en público se aprende en la infancia» noticia No Rocío Ramos-Paúl, psicóloga de ‘Supernanny’: «Tu hijo no cuenta nada porque le estás haciendo la pregunta equivocada»«El error es pensar que el colegio cuesta lo que pagamos en septiembre », explica Peralta. Según sus cálculos, el coste real puede rondar los 2.390 euros por alumno cuando se tiene en cuenta el conjunto de gastos. Por eso, recomienda incorporar desde el principio esas partidas al presupuesto anual y reservar mensualmente una cantidad para ellas. «Sabemos que van a llegar aunque no sepamos exactamente qué día», señala. Y si una familia necesita reducir gastos, aconseja empezar por aquellos que los hijos ni siquiera perciben: revisar contratos, suministros, seguros, suscripciones, compras impulsivas, pedidos a domicilio, comisiones o servicios que no se utilizan. «Antes de quitar una actividad que disfruta nuestro hijo, deberíamos preguntarnos cuánto dinero se está escapando en casa sin proporcionarnos realmente bienestar», apunta. Para Peralta, la regla para afrontar la vuelta al cole pasa por tres conceptos: «Planificar, comparar y no confundir necesidad con novedad». Y añade tres preguntas que pueden hacerse las familias antes de cada compra: «¿Lo necesitamos?, ¿tenemos ya algo que pueda servir? y ¿estamos pagando el mejor precio posible?».
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