Antonio Fernández tiene 59 años y lleva 36 trabajando sin parar. Nunca había estado en el paro. Ahora, sin embargo, se encuentra en ERTE y reconoce que no sabe cómo afrontar una situación que, hasta hace apenas unos meses, ni siquiera contemplaba. Es jefe de cocina del chiringuito Spoon, situado en la playa de la Ribera de Ceuta, un negocio que tuvo que cerrar después de afrontar un verano marcado por la caída de clientes debido a la presencia de invasores marroquíes en dicha zona del litoral ceutí.
«Llevo 36 años sin parar, sin coger nunca paro, sin nada; esto para mí es nuevo y estoy que no sé lo que hacer», explica Antonio. Su testimonio refleja las consecuencias laborales que, según denuncia, está teniendo la situación que atraviesa Ceuta para algunos negocios vinculados al turismo y la hostelería.
El mes de agosto, tradicionalmente el más fuerte del año para el chiringuito, se convirtió en el peor. Spoon había reforzado su plantilla hasta alcanzar los 14 trabajadores para poder atender la elevada demanda habitual de la temporada de verano. Sin embargo, Antonio asegura que los clientes dejaron de acudir a la playa y que el negocio comenzó a acumular pérdidas.
«Aguantamos el mes de agosto entero, pero con pérdidas absolutas, de ser el mejor mes del año a ser el peor mes del año», relata. La empresa decidió finalmente acogerse a un ERTE después de comprobar que la situación no mejoraba en septiembre.
Dos chiringuitos también tuvieron que cerrar
Antonio explica que otros dos chiringuitos situados junto al suyo optaron directamente por cerrar durante el mes de agosto. Según su relato, la situación se volvió incompatible con el funcionamiento normal de los establecimientos. «Invadieron el chiringuito, pidiendo agua, cargando móviles, molestando a los clientes, invadiendo los cuartos de baño, todos llenos; era imposible trabajar», asegura.
En el caso de Spoon, el ERTE se mantiene inicialmente hasta el próximo 31 de diciembre. La empresa tiene previsto mantener una reunión a mediados de ese mes para analizar el futuro de los trabajadores. Antonio confía en que el negocio pueda recuperar su actividad de cara a febrero o marzo, coincidiendo con la temporada de comuniones y eventos.
La situación también afecta a otras actividades del establecimiento. El chiringuito tenía previsto celebrar en diciembre diferentes eventos y cenas de empresa, pero finalmente no se han podido llevar a cabo ante la incertidumbre y la falta de funcionamiento del negocio.
«Mis nietos han perdido radicalmente su vida»
El problema, según Antonio, no se limita al empleo. El trabajador explica que su familia también ha sufrido las consecuencias de esta situación. Sus nietos, cuenta, han tenido que modificar por completo sus rutinas durante el verano. «A mi nieto le gusta mucho el fútbol y mi nieta, que ya tiene 12 añitos, ya se iba andando sola; radicalmente, su vida se perdió porque están todo el día encerrados, sin poder ir a la playa», relata.
Antonio recuerda especialmente la preocupación de su mujer durante estos meses: «Yo llegaba a mi casa y mi mujer, llorando, me preguntaba qué iba a pasar con nosotros». Por eso considera que la situación está teniendo también un fuerte impacto psicológico entre muchos vecinos de Ceuta.
La familia ha tenido además que afrontar otro problema. Antonio asegura que las obras que se estaban realizando en su barrio para reparar los daños provocados por temporales se han paralizado después de que los andamios fueran retirados por problemas de seguridad relacionados, según su relato, con la presencia de inmigrantes en la zona.
«Se pusieron unos andamios y se colaban para las casas y han tenido que quitarlos todos», explica. La consecuencia, lamenta, es que las obras han quedado paralizadas mientras se acerca una temporada de lluvias: «Cuando caiga la lluvia, nos mojaremos y ellos estarán en sus campamentos sin mojarse».
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