Una treintena de alumnos de primero y segundo de ESO de un instituto escuela de Cadaqués (Gerona) ha devuelto al Mediterráneo diez crías de tiburón gato criadas en el centro. Los jóvenes, de 12 y 13 años, las han soltado junto a la isla de Es Cucurucuc, en el cabo de Creus.
Los huevos habían quedado atrapados en las redes de los pescadores de la zona, donde muchos acaban muriendo. Los estudiantes los han cuidado hasta que las crías han podido valerse por sí mismas.
Los alumnos de Cadaqués liberan diez crías de tiburón gato por un proyecto de la Fundación Aletea
El instituto escuela Caritat Serinyana acoge el proyecto La primera llum dels taurons (La primera luz de los tiburones), que arrancó en enero. La Fundación Aletea lo impulsa como prueba piloto, con el apoyo del Gobierno de Cataluña y del Parque Natural del Cabo de Creus. En marzo llegaron los primeros huevos a los acuarios del instituto.
Desde entonces, los alumnos se han organizado por turnos. Han alimentado a las crías con gambas, boquerones y mejillones, y han recogido agua del mar para los acuarios. También han controlado el pH y la salinidad, igual que quien vigila el cloro de una piscina. El grupo ha grabado, además, imágenes para un documental.
De los 19 huevos que reunieron, salieron adelante diez ejemplares, la mayoría con unos dos meses de vida. Con la ayuda de varios submarinistas, los jóvenes los dejaron en una zona de rocas a unos diez metros de profundidad, donde pueden esconderse de los depredadores.
«Hoy habrá diez tiburones más en el Mediterráneo gracias a los alumnos», celebró Laia Guix, de la Fundación Aletea.
Por qué es importante rescatar los huevos de tiburón gato atrapados en las redes
Los pescadores del cabo de Creus colaboran con la Fundación Aletea, que recoge los huevos enredados y los lleva al instituto. La pintarroja, nombre habitual de esta especie, no cuenta con ninguna figura de protección y sufre de lleno la pesca accidental.
El proyecto no pretende repoblar el Mediterráneo. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica la pintarroja como especie de «mínima preocupación», según la Fundación CRAM. Aletea busca, en cambio, acercar la conservación marina a los jóvenes, dar a conocer las áreas marinas protegidas y desmontar prejuicios sobre los tiburones.
Guix, que ha vivido el final del proyecto con una «mezcla de emociones», considera que los tropiezos han enseñado algo. «Es un proyecto de conservación real en el que hemos tenido que aprender de los errores», explicó.
«Los hemos salvado de morir de una pesca accidental», resumió Júlia Pujol, una de las alumnas que se han turnado para cuidar los acuarios. La fundación analizará los datos de cada huevo para saber qué ha pasado con todos ellos.
Cómo son las crías del tiburón gato
La pintarroja nace de un huevo. La hembra deposita cada uno dentro de una cápsula córnea y translúcida, de forma rectangular y color marrón, con cuatro filamentos largos. Igual que los zarcillos de una parra, esos filamentos se enrollan en las algas o en las plantas del fondo para que la corriente no arrastre el huevo.
Al salir de la cápsula, la cría ya tiene la forma de un adulto en miniatura. Según la Fundación CRAM, centro de recuperación de fauna marina de El Prat de Llobregat, la especie tiene el cuerpo alargado y delgado y la cabeza aplanada. Su hocico es corto y redondeado, y sus ojos tienen forma elíptica. El dorso es gris amarillento, con pequeñas manchas marrones y negras, y el vientre, blanquecino.
Un adulto llega a medir unos 70 cm. Se alimenta de gusanos marinos, crustáceos, moluscos y algunos peces, y es activo sobre todo de noche. Durante el día, las hembras se esconden en cuevas y grietas, un refugio parecido al que ofrecen los fondos rocosos del cabo de Creus.
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