La estafa era burda, aunque muy lucrativa y aparentemente sin riesgo: comprar vuelos nacionales a bajo coste, facturar el equipaje y cobrar después la indemnización por extravío. En definitiva, la pesadilla de cualquier viajero, despojado a la fuerza de sus enseres y con una tediosa reclamación por delante, que este clan de Villaverde había convertido en su particular gallina de los huevos de oro. Y para ello, ni perdían las maletas ni tampoco nadie se las había llevado por error. Pero a ojos de la compañía aérea, una de las más importantes que opera en España, la reclamación era perfectamente válida. Hasta que la multiplicación de incidencias, un total de 71 provenientes del mismo entramado, hizo saltar la treta por los aires.Fue precisamente la propia aerolínea la que detectó en mayo un volumen inusual de quejas, interpuestas todas con el mismo número de teléfono o correo electrónico. Un nexo que desde luego no era baladí. Tras cuantificar la suma de pérdidas, con un monto por caso de entre 1.500 y 1.800 euros (lo que daba una suma cercana a los 90.0000), no dudaron en contactar con la Guardia Civil, cuyos agentes son los encargados de asumir los delitos cometidos en el interior del aeropuerto de Barajas. Así, los investigadores se pusieron manos a la obra y pronto descubrieron un mismo ‘modus operandi’.La red sacaba billetes baratos para volar de Madrid a otra ciudad española, uno a nombre de un adulto y el otro al de un menor de edad. Con los pasajes en la mano, el primero de ellos acudía al mostrador de facturación y entregaba una maleta para ser transportada en la bodega del avión. Sin embargo, al llegar los dos a su destino, el más joven era el que cogía el equipaje de la cinta y salía de la base sin llamar la atención. Un movimiento que era aprovechado por el más mayor para interponer falsamente la reclamación por pérdida, de tal modo que solo debían esperar a que la compañía no localizase el bulto señalado.Para cobrar el máximo dinero posible, adjuntaban en la reclamación un excelso contenido extraviado, amén de facturas y tiques de objetos que supuestamente habrían tenido que comprar en los días posteriores para hacer frente al forzado imprevisto. La jugada la llegaron a repetir hasta en 71 ocasiones, sin reparar siquiera en el cambio de teléfono o correo personal, un detalle que aceleró las pesquisas de los efectivos del Instituto Armado, quienes identificaron a 22 personas afincadas en Villaverde. Todas ellas, la mayoría con antecedentes previos por delitos similares, ya han pasado a disposición judicial.Mafia de ladronesNo es la primera vez en los últimos tiempos que el aeropuerto de Barajas es escenario del uso de menores para cometer hechos delictivos. Hace dos años, una mafia de ladrones, marcada también por vínculos familiares, compraban billetes económicos para robar en los espacios más restringidos y seguros de la terminal. Lo hacían normalmente en las zonas más próximas a los controles de seguridad, donde todos los viajeros deben despojarse de sus objetos para pasar por el arco de seguridad. Un lugar ideal para actuar al descuido mientras sus víctimas esperan a que la cesta regrese de nuevo a su posición o, simplemente, guardan de forma apresurada los enseres que han tenido que mostrar.Cometidos los hurtos, los delincuentes embarcaban en el avión para pasar totalmente desapercibidos. Otros, en cambio, hacían de las suyas en las tiendas ‘duty free’ de la T4 y la T1, con especial fijación en las bebidas alcohólicas, los cartones de tabaco y los perfumes. Y al igual que ahora, su elevado número de miembros provocó que la Guardia Civil arrestara a cerca de 30 individuos e investigara a 56 más.
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