Se ha convertido ya en un tópico al hablar de grandes acontecimientos, pero en este caso es rabiosamente cierto: todo el mundo recuerda dónde estaba el 11 de septiembre de 2001. Muchos, incluso, vimos impactar en directo el avión contra la segunda torre cuando todavía no entendíamos qué había ocurrido con la primera. Era irreal, como una superproducción americana. En unos días se cumplirá el veinticinco aniversario de aquel atentado terrorista que dejó casi tres mil muertos y el doble de heridos. Disney Plus estrena una serie documental sobre la tragedia, ‘9/11 Reunited’, seis capítulos en los que perfectos desconocidos, a quienes el azar o la mala suerte unió aquel día y no se han vuelto a ver, se reencuentran transcurrido todo este tiempo para compartir, agradecer y recordar. El primer episodio arranca con los testimonios directos de algunos supervivientes y la narración cronológica de la caída de las dos torres del World Trade Center. A mí, como me gustan mucho los documentales, ni siquiera me molesta que abusen de la música dramática, ni que los dobladores se pongan intensos de más en su sobreactuada traducción. Así que lo sigo viendo sin problemas hasta llegar a la parte en que se convierte en una especie de ‘First Dates’ pero sin Sobera y con drama, emoción y dignidad. Casi lloro yo también cuando se reencuentran tres supervivientes que lograron salir de la torre norte justo cinco minutos antes de que se viniese abajo, tras desplomarse quince pisos el ascensor en el que subían a sus respectivos trabajos. Como si un guionista malo hubiese escrito esa historia, fue el humilde limpiacristales, que abrió la puerta en el último minuto para subir, el que sería determinante después, rompiendo la pared del ascensor con sus utensilios, y quien salvó a todos de una muerte segura y al que ahora ellos llaman «héroe». Si fuese una película de Sorogoyen, estos serían además despiadados ‘brokers’ y altos ejecutivos que le trataron antes con displicencia, y yo me indignaría mucho por lo previsible y maniqueo de todo. Probablemente, el limpiacristales sería Bardem y sonaría algo de Ismael Serrano de fondo, y eso también me ofendería. Pero es cierto que ocurrió así y se trata de un buen documental y, qué demonios, una también tiene corazoncito (como no puedo abrazar al limpiacristales, estrujo un cojín). Un señor se reencuentra con la mujer a la que le cayeron encima restos de un avión junto a él y a la que ayudó mientras llegaba la ambulancia. Estuvo 18 meses hospitalizada y necesitó más de 50 operaciones para sobrevivir. Se abrazan y lloran, a mí se me mete algo en el ojo. Un bombero con amnesia tras el atentado se reúne con el paramédico que le salvó cuando lo encontró entre los escombros, herido de gravedad. Se abrazan y se emocionan. Me emociono. Una teniente coronel del Ejército que trabajaba en el Pentágono, con el oficial de la armada que la agarró en sus brazos cuando caía tras descolgarse por una ventana, justo antes de necesitar ser reanimada. Se abrazan y lloran. Tengo algo en el otro ojo. El señor que logró escapar tras derribar una puerta y la familia del policía, muerto allí, al que ayudó a salvar vidas. Lloran todos. Yo aguanto. Y después de todo, después de los testimonios, de las imágenes, de la música dramática, de los abrazos, los reencuentros, los hijos huérfanos, las sillas de ruedas… el momento más emotivo es tan simple como escuchar, sin más, a supervivientes recitando los nombres de fallecidos ese día. Me veo obligada a poner ‘La fiera de mi niña’, que siempre me pone de buen humor y esto hay que levantarlo como sea.
Powered by WPeMatico