El padre Bernat Juliol, actual mayordomo administrador del monasterio de Montserrat , estaba una mañana en el camarín de la Virgen , el lugar donde los fieles suben a venerar la imagen de La Moreneta. Acompañaba a una joven pareja de recién casados que habían llegado desde Estados Unidos. Junto a ellos, les seguía la madre de ella, una mujer de una candidez natural admirable. Mientras les ofrecía sus explicaciones, el padre les habló de San Bernardo y del nombre de María, que etimológicamente podría significar estrella del mar y… en una pausa, vio que la madre y la hija se ponían a llorar.No podía ser la emotividad de su sermón , pensó, así que se acercó a ellas conmovido y les preguntó qué sucedía. La historia que le explicaron a continuación todavía le trastoca por dentro al recordarla. Hacía poco más de dos décadas, la madre y su marido viajaron a Montserrat y en ese mismo camarín, el hombre hizo un ruego desesperado a la Virgen. Ella era estéril y no habían podido tener hijos. Él era enfermo terminal de cáncer y no tenía mucho más a lo que asirse, salvo la fe. Así que rezó a la Virgen y, al salir, con lágrimas en los ojos, le dijo a su mujer: «He pedido a la Virgen que tú no te quedes sola cuando yo muera y que yo pueda conocer a nuestro hijo antes de dejaros».Dos días después se marcharon de nuevo a casa, y unas semanas después la mujer supo que estaba embarazada. Sin acabar de creerlo, se lo dijo a su marido y los dos se abrazaron conmocionados. Nueve meses después, la mujer dio a luz a una preciosa niña, que el marido pudo sostener en brazos por primera vez. Unos días después moría. Ahora esa misma niña estaba en Montserrat dando las gracias a la Virgen . «No soy quién para hablar de milagros, pero lo que sí sé seguro es que es una historia absolutamente maravillosa y que te habla del impacto de la Virgen y Montserrat en la vida de muchísimas personas», comenta el padre Juliol. Montserrat atrae cada año a 2.5 millones de personas . Haga un frío inhumano o un calor asfixiante, cada día hay un mínimo de 3.000 personas paseándose por este idílico espacio que despierta la admiración de todo aquel que lo ve. Uno de los guías que muestran a diario su basílica a personas de todas las partes del mundo lo resume mejor que nadie: «Daría lo que fuera por volver a ver por primera vez el monasterio. Cada día veo las caras asombradas, llenas de admiración, de la gente que la ve por primera vez y las envidio. La expresión de fascinación es siempre la misma y notas la alegría que sienten por dentro».El padre Juliol es el mayordomo de la abadía, el administrador del alojamiento del monasterio que incluye la hostelería, un espacio integrado dentro de la comunidad de monjes benedictinos que permite a los peregrinos seguir la vida de la congregación, respetando sus tiempos, el silencio, la oración, los almuerzos y la vida contemplativa. Luego estaría el Hotel Abad Cisneros para turistas que sólo quieren admirar el privilegiado espacio en medio de la montaña. «Solemos decir que a Montserrat la mayoría de visitantes suben como turistas, pero que todos bajan como peregrinos. Ahora que se habla de la crisis de la Iglesia, nosotros tenemos el privilegio que no tenemos que ir a buscar a la gente, sino que ésta viene a nosotros para poder trasmitirlos nuestro mensaje», asegura el religioso.La Escolanía, el claustro y la abadía son algunas de las maravillas de Montserrat ABCAdemás de estas dos opciones más tradicionales para los peregrinos existen las celdas, pequeños apartamentos para familias de cuatro personas que quieren aprovechar la montaña para hacer excursiones; o el albergue Abat Oliva , pensado más para los jóvenes de paso que nos les importa compartir habitación. Todos tienen sus propios motivos para subir a la montaña, pero comparten la misma sensación al bajar. «En verano, vienes a Montserrat y te recuerda a la plaza de cualquier pueblo, con las abuelas sentadas mientras los niños juegan y la gente de diferentes lugares del mundo y estratos sociales compartiendo en comunión un mismo espacio. Es una imagen muy bonita», afirma el padre Juliol.Lo cierto es que todos tienen su motivo para subir al monasterio. «Más allá de las cifras, lo más asombroso son las historias invisibles que acompañan a estas personas, los motivos que les llevan a querer venir aquí, y que la mayoría de veces no llegamos nunca a conocer». Otro de los ‘milagros’ no oficiosos es el de una mujer de 50 años que hacía años que no conseguía trabajo. Subió a la montaña, rezó a la Virgen, y poco después consiguió trabajo justo cuando estaba a punto de tirar la toalla. Un mes después volvió a subir para agradecer a la Moreneta su apoyo y dejó una carta en uno de los bancos de la abadía para la Escolanía de Montserrat, el coro infantil del monasterio. Al abrirla, los monjes descubrieron un cheque con el primer sueldo que había cobrado aquella mujer y una emotiva carta de agradecimiento a la congregación.La vida contemplativa de los monjes benedictinos transforma la experiencia del peregrinoEl monasterio celebró en 2025 su primer milenio, 1000 años de devoción a la Virgen , la auténtica razón de ser de un espacio único. Desde noviembre de 2004, ya no hay ermitaños en la montaña, pero los monjes de la abadía siguen resguardándose en sus dos ermitas cuando quieren recogerse algunos días en su apaciguador silencio. «De forma romántica, se decía que en la montaña de Montserrat se rezaba a todas las horas del día. Si algo tenían los monjes benedictinos es que eran grandes directores de fotografía. Sabían donde construir sus monasterios para emocionar el alma a simple vista. Es sabido que si ofreces una imagen externa hermosa, acercarse a la vida interna es mucho más sencillo. Es decir, hay una razón para que Montserrat se construyera aquí», comenta el padre.La visita del Papa el 10 de junio ha sido otro de los momentos clave de la fascinante historia del monasterio. Ocho mil afortunados pudieron disfrutar de las palabras del Santo Padre en directo, en una reserva que se agotó en apenas minutos. El acceso a la montaña todavía tiene que controlarse con esmero para que no existan nunca aglomeraciones y agobios. «Hubo momentos de celebración externa y momentos más íntimos, donde León XIV se mostró como un hombre de fe cercano, que en ningún momento puso barrera alguna ante las personas de la congregación», reconoce.De Barcelona al monasterio de MontserratEl acceso a la montaña es su elemento más complejo, aunque la llegada en tren y cremallera sigue siendo la forma más práctica. Aunque no todos los peregrinos llegan en transporte. La idea de ir andando desde Barcelona es una moda cada vez más extendida. «Hay colegios como La Salle que lo hacen cada año. Caminan sin descanso toda la noche. Ves a los adolescentes en la plaza a las ocho de la mañana destrozados y felices, dormidos en el suelo, tras haber logrado la hazaña. Luego van a misa e intentas hacer el sermón muy cortito porque no se les aguantan los ojos», dice divertido el padre Juliol.Y para sentir los ‘milagros’ de la montaña, nada mejor que ir a la basílica a las 13:00 horas para escuchar las voces de la Escolanía de Montserrat, capaces de tocar la fibra sensible a los más cínicos y amargados de los seres humanos. «Todos nos dicen que son una persona totalmente diferente cuando salen del concierto. No son sólo unas voces hermosas. Yo siempre les digo a los niños que ellos pueden hacer esto todos los días y no darle importancia, pero que para el público siempre será un momento muy especial en sus vidas, que puede que no vuelvan a ver nunca, y que tienen que cantar con esto en la cabeza», concluye el mayordomo de la abadía de Montserrat.
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